La música en gimnasia rítmica no es un simple acompañamiento decorativo: es un elemento fundamental del ejercicio que los jueces evalúan implícitamente a través de la calidad artística. La gimnasta debe adaptar sus movimientos al ritmo, la melodía y la expresión de la música elegida, creando una fusión entre el cuerpo, el aparato y el sonido que constituye la esencia de este deporte.
La elección de la música es una decisión estratégica importante. El cuerpo técnico de cada gimnasta elige composiciones que destacan sus puntos fuertes: si una gimnasta tiene una calidad de movimiento muy fluida y expresiva, se elegirán piezas que permitan esas transiciones suaves; si domina los elementos rápidos y acrobáticos, se optará por músicas más dinámicas y con cambios de ritmo marcados.
La duración del ejercicio está directamente vinculada a la duración de la música. En competiciones internacionales, los ejercicios individuales duran entre 75 y 90 segundos, y los de grupos duran entre 150 y 165 segundos. La música debe comenzar y terminar con el ejercicio, sin que quede ningún silencio prolongado en medio.
La expresividad musical como criterio de evaluación
Los jueces de la componente artística valoran cómo la gimnasta interpreta la música: si sus movimientos reflejan el carácter de la composición, si los acentos corporales coinciden con los musicales, si hay coherencia entre el aparato que usa y la música elegida. Una gimnasta que se mueve mecánicamente sin conexión con la música perderá puntos en la nota artística.
El cambio de reglamento sobre las letras
La decisión de la FIG en 2021 de permitir música con letra fue muy comentada. Algunas federaciones lo acogieron con entusiasmo como una oportunidad de mayor expresividad; otras lo vieron como una pérdida de la esencia clásica de la gimnasia rítmica. En los años siguientes, varias gimnastas top han usado músicas con voz humana para diferenciarse artísticamente.