La falta directa es la forma más básica de sanción por infracción en hockey sobre patines. Cuando el árbitro la señala, el juego se detiene, los rivales deben retirarse a cinco metros del punto de la falta y el equipo que la recibe ejecuta el lanzamiento directamente a portería desde ese lugar. La simplicidad de su mecánica contrasta con la variedad de situaciones del partido en las que puede producirse: una entrada ilegal, un juego peligroso con el palo, una obstrucción o cualquier infracción que el árbitro considere que merece esta sanción.
La peligrosidad de una falta directa depende completamente de dónde en el campo se comete. Una falta cerca del área rival, frente a la portería y con ángulo favorable, es prácticamente un tiro libre con alta probabilidad de gol. Los equipos trabajan en los entrenamientos los lanzamientos desde diferentes posiciones del campo para tener soluciones preparadas ante cualquier situación. Una falta directa en el lateral del campo o a más de veinte metros de la portería ofrece mucho menos peligro, aunque los jugadores de mayor potencia de golpeo pueden sorprender al portero desde largas distancias.
El portero en la falta directa no puede colocar barrera de jugadores delante de él, como ocurre en el fútbol. Debe enfrentar el tiro solo, con sus propias capacidades de reacción y posicionamiento. Esta norma aumenta la emoción de las faltas directas en posiciones de peligro y exige que el portero trabaje específicamente su reacción ante los tiros desde los distintos sectores del campo. La coordinación entre el portero y los defensores para cubrir los ángulos más peligrosos forma parte del trabajo táctico habitual de cualquier equipo de nivel.