El penalti es la máxima sanción en hockey sobre patines y el lanzamiento de mayor tensión en cualquier partido. Se ejecuta desde el punto marcado a cinco metros de la portería, con el lanzador y el portero como únicos protagonistas y el resto de los jugadores fuera del campo de juego. Esta confrontación directa y sin apoyos convierte el penalti en un momento de presión máxima donde el factor psicológico tiene tanta importancia como la habilidad técnica.
La ejecución del penalti admite diversas técnicas: el lanzamiento directo a potencia, el tiro colocado a las esquinas, el amago para desequilibrar al portero o la combinación de un movimiento de engaño seguido de un toque suave. El lanzador dispone de libertad para acercarse a la portería desde el punto de lanzamiento y tiene tiempo para ejecutar su acción siempre que el movimiento sea continuo y no presente paradas deliberadas. Los porteros estudian los hábitos de los lanzadores habituales del campeonato para anticipar sus preferencias.
A nivel táctico, el penalti tiene una influencia emocional sobre el partido que va más allá de los goles marcados o parados. Un portero que detiene un penalti inyecta una energía enorme a su equipo y puede cambiar la dinámica de un encuentro. Un lanzador que falla puede ver mermada su confianza durante los minutos siguientes. Los equipos trabajan los penaltis con regularidad en los entrenamientos precisamente porque la presión de un partido oficial no puede simularse por completo, pero la repetición técnica construye la automatización que ayuda a mantener la calidad del lanzamiento en los momentos decisivos.