El portero de hockey sobre patines es la figura más singular del equipo tanto por su equipación como por el reglamento especial que regula su actuación. Su misión es evitar que la pelota entre en la portería, para lo que puede utilizar cualquier parte de su cuerpo dentro del área semicircular que tiene asignada. Esta libertad de movimiento corporal, combinada con los reflejos y la lectura táctica del juego, hace del portero una posición de enorme exigencia técnica y física.
La equipación del portero es radicalmente distinta a la del jugador de campo. Las coquillas o espinilleras de portero cubren toda la parte delantera de las piernas y tienen dimensiones muy superiores a las protecciones de los jugadores de campo. Los guantes combinan protección con sensibilidad para que el portero pueda desviar la pelota con control. El casco con rejilla protege la cabeza de los golpes directos de pelota, que en hockey sobre patines pueden alcanzar velocidades considerables en los tiros en distancia corta. Toda esta equipación añade peso y volumen al portero, que debe moverse con eficiencia a pesar de ello.
La relación entre el portero y sus defensores es uno de los aspectos tácticos más trabajados en el entrenamiento. El portero necesita ver la pelota en todo momento y los defensores deben aprender a colocarse sin bloquear su campo de visión. La comunicación entre el portero y el resto del equipo es constante durante el partido: avisa de las posiciones de los rivales, organiza la defensa en las faltas y dirige los posicionamientos en las jugadas a balón parado. Un portero que también sea un líder vocal es un activo doble para cualquier equipo.