El pressing es la estrategia táctica mediante la cual un equipo ejerce presión colectiva sobre el rival en zonas avanzadas del campo con el objetivo de recuperar la pelota antes de que el equipo contrario pueda construir su ataque. En hockey sobre patines, las dimensiones reducidas del campo y la rapidez de los desplazamientos sobre patines hacen del pressing una herramienta especialmente poderosa: la distancia que un jugador debe recorrer para llegar al portador de la pelota es pequeña y el tiempo de reacción del rival se reduce drásticamente.
Un pressing bien organizado requiere que todos los jugadores del equipo actúen de forma sincronizada. No basta con que un jugador corra hacia el rival con la pelota: debe haber compañeros cubriendo las opciones de pase para que el portador de la pelota no tenga una salida fácil. Esta coordinación se ensaya en los entrenamientos con ejercicios específicos que trabajan la sincronización de movimientos, los señales de activación del pressing y las posiciones de cobertura que cada jugador debe ocupar según la zona donde se encuentre la pelota.
Los equipos que practican el pressing de forma habitual exigen una condición física elevada a sus jugadores, ya que moverse continuamente a alta intensidad para presionar requiere un gran gasto energético. La rotación frecuente de jugadores es una herramienta complementaria del pressing: los cambios al vuelo permiten introducir jugadores frescos que mantienen la intensidad de la presión sin que el equipo pierda efectividad por el cansancio acumulado. En los partidos de alto nivel, la capacidad de mantener el pressing durante los 50 minutos de juego efectivo es uno de los factores que diferencia a los equipos de mayor nivel físico y táctico.