El partido de hockey sobre patines se divide en dos periodos de 25 minutos de tiempo efectivo cada uno. El concepto de tiempo efectivo es clave: el reloj se detiene cada vez que el árbitro señala una infracción, cuando la pelota sale del campo por encima de las bandas, cuando se concede una falta y en cualquier otra interrupción del juego. Esto diferencia el hockey sobre patines de deportes como el fútbol, donde el tiempo transcurre de forma continua independientemente de las interrupciones.
La consecuencia del tiempo efectivo es que los partidos son mucho más dinámicos e intensos en términos de acción real. Cada minuto marcado en el cronómetro es un minuto de juego activo, lo que significa que los 50 minutos totales de un partido están completamente llenos de juego. Los jugadores no tienen períodos de descanso encubierto mientras la pelota está fuera o mientras se resuelve una falta: cada posesión y cada acción cuentan. Esta característica hace del hockey sobre patines un deporte especialmente exigente desde el punto de vista físico y requiere que los equipos gestionen bien la rotación de jugadores.
El descanso entre periodos es el único momento de pausa larga garantizado en el partido. En ese tiempo, los entrenadores analizan lo ocurrido en el primer periodo, corrigen errores tácticos, ajustan la puesta a punto defensiva u ofensiva y preparan las variantes para el segundo tiempo. Los jugadores aprovechan esos minutos para recuperarse físicamente y mentalmente, especialmente si el primer periodo ha sido muy exigente o si el marcador es desfavorable y el equipo necesita reorganizarse para remontar.