Declan John Carey, conocido universalmente como D.J. Carey, fue la gran figura del hurling de los años 90 y uno de los jugadores más espectaculares de la historia del deporte. Natural de Young Irelands GAA club en el condado de Kilkenny, Carey encarnó un estilo de hurling individual, creativo y brillante que fascinó a los aficionados durante más de una década.
El estilo de un artista
D.J. Carey no era solo un gran jugador: era un espectáculo en sí mismo. Su capacidad para superar a los defensas en duelo individual, su precisión en el tiro y su instinto para el gol lo convirtieron en el referente del hurling de su generación. En una era donde el juego colectivo empezaba a imponerse, Carey demostraba que el talento individual seguía siendo decisivo.
Su apodo, “The Dodger”, resume perfectamente su estilo: esquivaba marcajes con una facilidad que hacía parecer simples los movimientos más difíciles. Los mejores defensas de Munster e incluso de su propia provincia de Leinster no encontraban la forma de detenerle cuando estaba en plena forma.
Los títulos con Kilkenny
Carey ganó cinco All-Irelands con Kilkenny: 1992, 1993, 2000, 2002 y 2003. El arco de su carrera es notable: fue campeón de joven en los años 90, vivió un período donde Kilkenny no dominó y luego regresó al máximo nivel para sumar tres títulos más en sus últimas temporadas, ya en la treintena.
Su primera época de gloria coincidió con el Kilkenny de Liam Griffin y Eddie O’Brien; su segunda con el inicio de la era Brian Cody, que más tarde llevaría a Henry Shefflin al estrellato.
Premios y reconocimiento
Carey fue elegido Hurler of the Year en 1993 y 2000, los dos períodos donde más brilló. Acumuló varios All-Stars a lo largo de su carrera. En la encuesta de “Jugador del Siglo” organizada por el An Post para el centenario del estado irlandés en 2016, fue elegido como uno de los mejores jugadores de la historia del hurling.
El legado
D.J. Carey es para muchos aficionados de la generación de los 90 lo que Pelé es para la generación del fútbol de los 70: el jugador que representa la magia pura del deporte, el que hacía que los aficionados pagaran la entrada aunque solo fuera para verle actuar. Su influencia en la forma en que el hurling es percibido como deporte espectáculo es difícil de cuantificar pero innegable.