Hay carreras de coches y hay el Indy 500. Las 500 Millas de Indianapolis no son solo la carrera más famosa del mundo: son un acontecimiento cultural de dimensiones difíciles de comprender para quien no ha estado allí. Cada último domingo de mayo o primero de junio, más de un cuarto de millón de personas llenan las gradas del Indianapolis Motor Speedway para ver 33 monoplazas dar 200 vueltas a un circuito oval de 2,5 millas a velocidades superiores a 370 km/h. Es el evento deportivo de mayor afluencia de público de todo el planeta.
El circuito: el Brickyard
El Indianapolis Motor Speedway fue construido en 1909 y pavimentado en ladrillo en 1909-1910, lo que le valió el apodo de The Brickyard. Hoy el circuito tiene superficie de asfalto en casi todo su recorrido, pero conserva una franja de ladrillo de unos 90 centímetros justo en la línea de meta. Besar esos ladrillos es una de las tradiciones del ganador del Indy 500, junto con beber leche en el podio.
El circuito tiene exactamente 2,5 millas de longitud (4.023 metros) y sus cuatro curvas son curvas de radio constante ligeramente peraltadas, lo que permite mantener velocidades muy altas. Las rectas son largas y permiten que los coches alcancen su velocidad máxima antes de entrar en las curvas.
El mes de mayo: una liturgia única
El Indy 500 no es solo una carrera: es todo un mes. Durante mayo, el Indianapolis Motor Speedway es el centro del mundo del automovilismo americano. Los primeros días del mes son de pruebas libres, donde los equipos ajustan sus coches a las características específicas del circuito y los pilotos con menos experiencia en ovals aprenden el trazado.
La segunda semana incluye la clasificación oficial, que se extiende a lo largo de dos días y tiene sus propias reglas, tensiones y drama. La tercera semana continúa con más pruebas y la Carb Day, el viernes antes de la carrera, que es la última sesión de entrenamiento y ha adquirido carácter de fiesta popular por el ambiente festivo que genera en los alrededores del circuito.
Y finalmente llega el domingo de la carrera, con una ceremonia de apertura que incluye la tradicional cantata de “Back Home Again in Indiana”, el vuelo de aviones militares sobre el circuito y el mandato del coronel para los pilotos: “Gentlemen (and lady), start your engines.”
Los números de la carrera
Desde 1911, el Indy 500 se ha celebrado cada año ininterrumpidamente, salvo durante las dos guerras mundiales (1917-1918 y 1942-1945). Más de un siglo de ediciones ha generado una lista de ganadores que incluye algunos de los nombres más grandes del automovilismo mundial: A.J. Foyt, Al Unser, Rick Mears, Hélio Castroneves, Scott Dixon, Will Power, Simon Pagenaud y muchos más.
La velocidad media del ganador ha progresado desde los 74,6 mph de Ray Harroun en 1911 hasta los más de 185 mph de media de los ganadores modernos, un incremento que refleja un siglo de progreso técnico continuo.
Las tradiciones
El Indy 500 es inseparable de sus tradiciones. La más famosa es la de beber leche en el podio, que se remonta a 1936 cuando Louis Meyer pidió suero de leche tras ganar la carrera. Desde entonces, el ganador siempre recibe una botella de leche y elige entre leche entera, semidesnatada o desnatada según su preferencia personal. Otros ganadores han pagado homenaje a la tradición bebiendo un sorbo simbólico aunque no les gustara la leche.