En la historia de las 500 Millas de Indianapolis, hay un tipo de habilidad específica que se puede llamar el talento del qualifying: la capacidad de encontrar el límite absoluto del coche durante exactamente cuatro vueltas cronometradas, bajo la máxima presión y sin posibilidad de corrección. Es una habilidad diferente a la de ganar una carrera de tres horas, y nadie en la historia del Indy 500 la ha poseído en mayor grado que Rick Mears.
Las seis poles: una carrera dentro de la carrera
La clasificación del Indy 500 es un evento en sí mismo, con su propia tensión, sus propias narrativas y sus propios héroes. Conseguir la pole position en Indianapolis significa ser el más rápido entre los mejores especialistas de ovals del mundo, en el circuito más famoso y más cargado de historia del planeta.
Rick Mears consiguió ese privilegio en seis ocasiones: 1979, 1982, 1986, 1988, 1989 y 1991. Doce años de dominio clasificatorio intermitente que ningún rival ha podido acumular en toda la historia de la carrera. Sus seis poles abarcan tres décadas de evolución técnica del monoplaza americano, lo que demuestra que su habilidad en qualifying no era un fenómeno ligado a un coche específico sino una cualidad intrínseca del piloto.
El ritual del qualifying en ovals
Para entender el mérito de las seis poles de Mears, es necesario entender cómo funciona el qualifying en los ovals. A diferencia de un qualifying de circuito convencional, donde el piloto puede hacer múltiples vueltas de ataque y su mejor tiempo se registra como resultado, en el Indy 500 el qualifying consiste en una vuelta de salida lanzada y exactamente cuatro vueltas cronometradas consecutivas. La velocidad media de esas cuatro vueltas determina el tiempo clasificatorio.
No hay segunda oportunidad. Si en la tercera vuelta el piloto comete un error o el coche pierde equilibrio, el tiempo ya está dañado y no hay forma de corregirlo. Esta estructura de una sola tentativa amplifica enormemente la presión y el riesgo de la sesión, y convierte cualquier error en una pérdida definitiva.
Mears completaba sus cuatro vueltas de clasificación con una regularidad asombrosa: la diferencia entre la vuelta más rápida y la más lenta de sus series de clasificación era habitualmente inferior a una décima de segundo. Esta consistencia no es casualidad: es el resultado de un control excepcional del coche y de una capacidad para reproducir exactamente el mismo trazo en cada vuelta.
La asociación con Penske
Las seis poles de Mears son también seis poles del equipo Penske Racing, la asociación más exitosa de la historia de Indianapolis. Roger Penske y su equipo siempre ponían el coche de Mears en perfectas condiciones para el qualifying: la preparación técnica, la configuración aerodinámica y el trabajo de ingeniería para extraer la máxima velocidad de la vuelta de clasificación eran impecables.
Pero sin un piloto capaz de usar ese coche al límite absoluto durante cuatro vueltas consecutivas sin cometer el mínimo error, la preparación del equipo no habría producido esos resultados. Mears y Penske se potenciaban mutuamente: el equipo le daba el mejor coche posible, y el piloto le daba al equipo un resultado que ningún otro piloto de su época podía garantizar.
El legado del récord
Treinta años después de la última pole de Mears, el récord sigue en pie. Ningún piloto activo se acerca a esas seis poles en Indianapolis, y la competencia cada vez más igualada en el qualifying del Indy 500 hace que el récord sea hoy más sólido que nunca. Las seis poles de Rick Mears son quizás el testimonio más elocuente de lo que fue capaz de hacer en los momentos de máxima presión: el prototipo del piloto que eleva su rendimiento exactamente cuando más importa.