Los XIX Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City se celebraron del 8 al 24 de febrero de 2002 en la capital del estado de Utah, en las Montañas Rocosas de Estados Unidos. Con 77 países participantes y 2.399 atletas, fueron los Juegos de Invierno con más participación hasta la fecha. Pero más que por los números, Salt Lake City 2002 pasó a la historia por una acumulación de polémicas y escándalos que ensombrecieron las actuaciones deportivas y que dejaron una huella duradera en la historia del olimpismo.
Los primeros Juegos post-11 de septiembre
El 11 de septiembre de 2001, apenas cinco meses antes del inicio de los Juegos, los atentados terroristas de Al-Qaeda contra las Torres Gemelas y el Pentágono cambiaron para siempre la percepción de la seguridad en los grandes eventos internacionales. Salt Lake City 2002 fue el primer gran evento olímpico celebrado en ese nuevo contexto, y las consecuencias fueron palpables.
Las medidas de seguridad fueron de una magnitud nunca vista en unos Juegos Olímpicos: más de 15.000 efectivos de seguridad, incluyendo militares del ejército norteamericano, la Guardia Nacional y agentes de múltiples agencias federales. El espacio aéreo sobre Salt Lake City fue restringido durante toda la duración de los Juegos. Los controles de acceso a las instalaciones y a la villa olímpica fueron extraordinariamente rigurosos. La presencia de la bandera recuperada de las ruinas del World Trade Center en la ceremonia de inauguración convirtió el encendido del pebetero en un momento de enorme carga emocional, muy diferente al espíritu festivo habitual de las ceremonias olímpicas.
El escándalo de Mühlegg y el mayor fracaso del deporte invernal español
Los Juegos de Salt Lake City comenzaron con una expectativa sin precedentes para España: Johan Mühlegg, el esquiador de fondo de origen alemán que competía bajo bandera española desde 1995, llegó a Utah como uno de los grandes favoritos del esquí de fondo masculino. Sus actuaciones en los años previos lo situaban entre la élite mundial de la disciplina, y los aficionados españoles esperaban, por primera vez en la historia, medallas olímpicas en deportes de invierno.
La expectativa se cumplió, pero de la peor manera posible. Mühlegg ganó el persecución 10+10 km el 10 de febrero, el día 15 ganó los 50 km clásico, y el 24 de febrero conquistó los 30 km. Tres medallas de oro. Tres momentos de euforia para el deporte español, tres titulares históricos. Pero la euforia duró poco.
El análisis de las muestras de dopaje de Mühlegg reveló la presencia de darbepoyetina (CERA), un agente estimulante de la eritropoyetina que aumenta la producción de glóbulos rojos y mejora el rendimiento en pruebas de resistencia. Era la primera vez que esta sustancia era detectada en unos controles olímpicos. Mühlegg fue descalificado de las tres pruebas, sus medallas fueron retiradas y fue sancionado con dos años de suspensión. Las tres medallas de oro, que habrían sido el mayor logro del deporte de invierno español de todos los tiempos, quedaron en nada.
El impacto en España fue enorme: el país había vivido tres momentos de gloria olímpica invernal que resultaron ser una ilusión construida sobre el fraude. Para muchos aficionados y deportistas españoles, el caso Mühlegg fue una decepción que tardó años en cicatrizar.
El fraude en patinaje artístico por parejas
Si el caso Mühlegg fue el escándalo deportivo más importante para España, el fraude en el patinaje artístico por parejas fue el mayor escándalo de los Juegos en términos globales. La pareja rusa formada por Yelena Berezhnaya y Antón Sikharulidze ganó el oro sobre los canadienses Jamie Salé y David Pelletier en una decisión del jurado que inmediatamente generó polémica: para la mayoría de los expertos y del público, los canadienses habían patinado mejor y merecían la victoria.
La investigación posterior reveló algo mucho más grave: la jueza francesa Marie-Reine Le Gougne admitió haber sido presionada para votar a favor de los rusos —cumpliendo un acuerdo previo por el que los jueces rusos favorecerían a la pareja francesa de danza sobre hielo—. El escándalo sacudió los cimientos del patinaje artístico olímpico. El COI tomó la decisión sin precedentes de entregar un segundo juego de medallas de oro a la pareja canadiense. El escándalo aceleró la reforma profunda del sistema de puntuación en el patinaje artístico, que se renovaría completamente en los años siguientes.
El doping ruso en esquí de fondo
El escándalo de Mühlegg no fue el único caso de dopaje en Salt Lake City. Las rusas Larissa Lazutina y Olga Danilova, que habían sido dominadoras del esquí de fondo femenino durante años, fueron descalificadas por dar positivo en darbepoyetina —la misma sustancia que Mühlegg—. Sus medallas también fueron retiradas. Salt Lake City 2002 fue, en muchos sentidos, el primer gran revulsivo contra el dopaje en el deporte de invierno, aunque el problema tardaría muchos años más en ser abordado de forma sistémica.
Las actuaciones deportivas legítimas
Entre las polémicas, Salt Lake City acogió también grandes actuaciones deportivas. La estadounidense Sarah Hughes sorprendió al mundo ganando el oro en patinaje artístico femenino con un programa libre brillante. El equipo de hockey hielo masculino de Canadá conquistó el oro ante los locales estadounidenses, poniendo fin a 50 años de sequía olímpica en la disciplina. En biatlón, el noruego Ole Einar Bjørndalen ganó cuatro oros en cuatro pruebas, siendo la actuación individual más brillante de la competición. El esquí alpino vio los triunfos del austríaco Stephan Eberharter y la croata Janica Kostelic, quien ganó tres oros.
Los Juegos de Salt Lake City quedaron marcados a fuego por los escándalos, pero también fueron el punto de inflexión que aceleró las reformas necesarias en el olimpismo de invierno. Para España, sin embargo, el recuerdo de los tres oros que podrían haber sido es la imagen que perdura.