El korfbal es un deporte inventado en 1902 por el maestro neerlandés Nico Broekhuysen, con la premisa radical de que hombres y mujeres jugaran en el mismo equipo y en igualdad de condiciones. Un siglo después de su creación, este deporte encontró en España un terreno de cultivo modesto pero sólido, construido sobre lazos con los Países Bajos y sobre la singularidad de su modelo mixto.
Los primeros años: la comunidad neerlandesa
El korfbal llegó a España principalmente a través de los expatriados neerlandeses que desde los años 80 y 90 se asentaron en zonas turísticas de la costa mediterránea y en ciudades como Madrid y Barcelona. Para muchos de ellos, organizar un equipo de korfbal era una forma de mantener el vínculo con su cultura deportiva de origen.
Los primeros equipos informales surgieron sin estructura federativa, jugando en instalaciones deportivas locales con material traído directamente de los Países Bajos. El deporte era prácticamente desconocido para los españoles que los rodeaban, lo que generaba curiosidad pero también dificultaba el reclutamiento de jugadores locales.
Los intercambios Erasmus y las universidades
Un segundo canal de entrada del korfbal en España fue el programa Erasmus de intercambio universitario. Estudiantes neerlandeses que llegaban a universidades españolas traían consigo el conocimiento del deporte, y algunos lograron organizar equipos en sus campus de acogida. De forma paralela, estudiantes españoles que cursaban estancias en los Países Bajos entraban en contacto con el korfbal y, al regresar, intentaban poner en marcha equipos en sus ciudades.
Las ciudades universitarias como nodo de desarrollo
Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla fueron las ciudades donde los intentos de crear clubes universitarios de korfbal tuvieron más recorrido. La combinación de estudiantes de intercambio neerlandeses y la apertura de los deportistas universitarios a nuevas disciplinas facilitó los primeros pasos del deporte en el circuito universitario español.
La Federación Española de Korfbal
El paso de la actividad informal a la estructuración formal se materializó con la creación de la Federación Española de Korfbal, que permitió registrar clubes, organizar competiciones con reglamento homologado y representar a España ante la International Korfball Federation (IKF) y la estructura europea del deporte.
La federación española se integró en la European Korfball Federation y comenzó a participar en las categorías inferiores de los torneos internacionales europeos, dando visibilidad al korfbal español más allá de las fronteras.
El korfbal como símbolo de igualdad de género
Desde sus inicios en España, el korfbal fue promovido no solo como deporte sino como modelo de práctica deportiva igualitaria. En un contexto en el que el debate sobre la igualdad de género en el deporte ganaba relevancia social, el korfbal aportaba un ejemplo concreto: un reglamento que exige que cuatro hombres y cuatro mujeres jueguen simultáneamente en el mismo campo, con las mismas reglas y sin distinciones de rol por sexo.
Este argumento atrajo el interés de sectores del movimiento deportivo español vinculados a la igualdad, aunque también planteó debates sobre si el modelo podía considerarse genuinamente igualitario o si reproducía dinámicas de género dentro del propio juego.
Legado y continuidad
El korfbal en España no ha logrado alcanzar la masa crítica de practicantes que tiene en los Países Bajos, Bélgica o Taiwán, pero ha construido una comunidad estable con clubes activos y una federación funcionando. La historia del korfbal en España es la historia de un deporte que llegó como curiosidad neerlandesa y se quedó como propuesta deportiva diferente.