La lucha olímpica: uno de los deportes más antiguos del programa
La lucha es uno de los deportes más antiguos de la historia olímpica. Ya formaba parte de los Juegos Olímpicos de la antigüedad griega y fue incluida en el programa de los Juegos modernos desde casi el principio. La lucha grecorromana entró en el programa en los Juegos de Atenas 1896, y la lucha libre masculina se añadió en los Juegos de Sant Louis 1904.
Durante más de un siglo, la lucha ha sido uno de los deportes más universales de los Juegos, con participación de atletas de todos los continentes y tradiciones. La lucha libre femenina fue incorporada en los Juegos de Atenas 2004, añadiendo una nueva dimensión a un deporte que ya tenía una historia larguísima en el olimpismo.
Los estilos olímpicos de lucha
Los Juegos Olímpicos incluyen tres estilos de lucha diferenciados por sus reglas:
La lucha libre masculina permite el uso de las piernas tanto en ataque (derribar al rival usando las piernas) como en defensa. El objetivo es conseguir la caída (poner al rival de espaldas en el tapiz) o acumular más puntos mediante derribos y exposiciones. Los combates se disputan en dos períodos de tres minutos.
La lucha libre femenina sigue las mismas reglas que la lucha libre masculina. Se incorporó al programa olímpico más tarde pero ha crecido rápidamente en nivel y popularidad.
La lucha grecorromana prohíbe utilizar las piernas en ataque o agarrar al rival por debajo de la cintura. Toda la acción se concentra en el tren superior: los lanzamientos son más acrobáticos y el juego de posición es diferente. Es el estilo con mayor tradición histórica en Europa.
La crisis de 2013: cuando la lucha perdió el olimpismo
En febrero de 2013, el Comité Olímpico Internacional tomó una decisión que sacudió el mundo del deporte: eliminó la lucha del programa olímpico a partir de 2020. La decisión fue inesperada y generó una reacción de enorme indignación en toda la comunidad de la lucha mundial.
Los argumentos del COI giraban en torno a la necesidad de modernizar el programa olímpico y dar entrada a deportes más populares entre las audiencias jóvenes. La lucha, considerada un deporte “de nicho” sin el atractivo mediático de otros deportes, fue la elegida para salir.
La respuesta de la comunidad de la lucha fue masiva y coordinada: los países con mayor tradición (Rusia, Irán, Estados Unidos, Georgia) presionaron diplomáticamente, los luchadores alzaron la voz públicamente y la United World Wrestling (UWW, organización rectora mundial) implementó reformas en las reglas para hacer el deporte más espectacular y televisivo.
En septiembre de 2013, el COI reconsideró su decisión y la lucha fue reincorporada al programa olímpico. Fue una victoria histórica de la movilización de un deporte que no estaba dispuesto a ceder su lugar olímpico centenario.
Los grandes dominadores de la lucha olímpica
La URSS y su sucesora Rusia han dominado la lucha olímpica durante décadas, especialmente en lucha grecorromana. Los luchadores soviéticos desarrollaron un sistema de entrenamiento científico y técnicamente avanzado que produjo generaciones de campeones.
Irán es la gran potencia de la lucha libre masculina: el país tiene una tradición milenaria en los deportes de combate y produce luchadores de élite en casi todas las categorías de peso. Azerbaiyán, Georgia y los países del Cáucaso también han producido grandes campeones olímpicos.
En lucha libre femenina, Japón y Estados Unidos son los países más laureados en la era moderna, con atletas como Kaori Icho (Japón, cuatro oros olímpicos consecutivos) estableciendo registros históricos.