Cuando el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Vancouver 2010 encargó el diseño de la pista de deslizamiento, el objetivo era construir una instalación que fuera a la vez un referente técnico mundial y un espectáculo para los atletas y el público. El resultado fue el Whistler Sliding Centre, una pista que desde su inauguración ha establecido o igualado los récords de velocidad en luge, skeleton y bobsleigh, convirtiendo a la localidad canadiense en la capital de la velocidad extrema en los deportes de deslizamiento.
Los factores que hacen de Whistler la pista más rápida del mundo son múltiples y se refuerzan mutuamente. La instalación se sitúa a una altitud de aproximadamente 820 metros sobre el nivel del mar, lo que significa que la densidad del aire es notablemente menor que en la mayoría de pistas europeas situadas a menor altura. A las velocidades del luge, esta diferencia de densidad se traduce directamente en menos resistencia aerodinámica y, por tanto, en mayores velocidades. A esto se suma un diseño de la pista que incluye tramos rectos excepcionalmente largos —donde los trineos pueden acelerar sin las pérdidas de velocidad asociadas a las curvas— y un desnivel total entre el punto de salida y la llegada que supera los 152 metros, de los más altos del circuito mundial FIL.
El récord de velocidad registrado en Whistler supera los 154 km/h en luge, establecido durante los Juegos Olímpicos de 2010. La pista es también la más rápida para el skeleton (donde se han superado los 146 km/h) y para el bobsleigh de cuatro personas. Sin embargo, su velocidad extraordinaria también fue el contexto del accidente mortal de Nodar Kumaritashvili durante los entrenamientos de esos Juegos, lo que llevó a modificaciones del perfil de la pista en el tramo final. Aun con esas modificaciones, Whistler sigue siendo la pista donde los mejores deslizadores del mundo encuentran sus límites de velocidad más altos.