Hay competiciones deportivas que son grandes, y hay competiciones que son únicas. El TT de la Isla de Man pertenece a la segunda categoría con una exclusividad que ninguna otra carrera de motos puede reivindicar. Desde 1907, cada año a finales de mayo y principios de junio, la pequeña isla de Man —un territorio autónomo situado entre Gran Bretaña e Irlanda— se convierte en el escenario de la carrera de motociclismo más extrema del mundo.
El circuito Snaefell Mountain tiene 60,7 kilómetros de longitud. No es un circuito en el sentido convencional del término: son carreteras públicas, los mismos caminos que usan los habitantes de la isla para ir al trabajo o al supermercado, cerrados al tráfico durante las semanas de la competición. Los pilotos pasan a más de 300 km/h por las calles del pueblo de Ramsey, junto a casas, tiendas y jardines. Se inclinan al borde de muros de piedra centenarios en las curvas de Ballacraine. Suben y bajan la montaña de Snaefell entre neblina y viento atlántico.
Un siglo de historia y peligro
El TT nació en 1907 como alternativa al Gran Premio de Francia, porque en Gran Bretaña estaba prohibido correr en carreteras públicas en la isla principal. La isla de Man, con su autonomía legislativa, ofrecía la posibilidad de cerrar carreteras y organizar carreras. El primer Tourist Trophy fue un evento rudimentario con motos primitivas y pilotos que competían más por la gloria que por el dinero.
Desde entonces, el TT ha crecido hasta convertirse en un fenómeno cultural que atrae cada año a más de 40.000 visitantes a la isla —cuya población normal es de apenas 85.000 habitantes. La semana del TT es la semana más importante del calendario de la isla en términos económicos y culturales.
Pero el TT tiene también una estadística oscura que ninguna otra carrera de primer nivel acepta: desde su fundación, más de 260 personas han muerto en el circuito, entre pilotos y espectadores. No hay temporada sin al menos una muerte. En los años más trágicos, han muerto seis o siete pilotos en una sola edición. El riesgo no es un mito: es una realidad estadística que cada piloto que compite conoce perfectamente.
Por qué los pilotos siguen viniendo
La pregunta inevitable es: ¿por qué? Si la probabilidad de morir en el TT es estadísticamente mucho mayor que en cualquier circuito del campeonato del mundo, ¿por qué más de 600 pilotos se presentan cada año para intentar clasificarse?
La respuesta que dan los propios pilotos es difícil de racionalizar desde fuera pero coherente desde dentro: el TT es el desafío definitivo. Memorizar 60 kilómetros de carretera con más de 200 puntos técnicos relevantes, hasta el punto de poder recorrerlos a ciegas a velocidades de competición, es una proeza cognitiva y técnica sin equivalente en ningún otro deporte motor. Los pilotos del TT viven en la moto durante meses, memorizando cada curva, cada cambio de rasante, cada sombra en el asfalto.
Las leyendas del TT
El TT ha producido héroes que tienen poco que ver con las estrellas de MotoGP. Joey Dunlop, con 26 victorias, es el más grande de todos: un mecánico norirlandés que combinaba su trabajo ordinario con ser el piloto más dominante de la historia del TT. Mike Hailwood, que ganó el TT en los años 60 y volvió doce años después de su retirada para ganarlo de nuevo, protagonizó uno de los grandes retornos de la historia del deporte. Y John McGuinness, con 23 victorias, representa la generación moderna de especialistas del TT.
Son nombres que fuera de la comunidad TT no dicen nada. Dentro de ella, son dioses.