El Mundial de Suiza de 1954 fue uno de los torneos más apasionantes de la historia de la competición, protagonizado por la mayor selección que jamás no ganó un Mundial: la Hungría de la Edad de Oro. El equipo magiar llegó al torneo invicto desde hacía cuatro años, con una media goleadora descomunal, y fue derrotado en la final por una Alemania Occidental que todo el mundo había dado por eliminada.
La Hungría invencible
El equipo húngaro de la primera mitad de los años cincuenta es ampliamente considerado el mejor conjunto de fútbol de su era y uno de los más brillantes de la historia. Con Ferenc Puskás como estandarte, acompañado de jugadores como Sándor Kocsis, Nándor Hidegkuti y Zoltán Czibor, Hungría había desarrollado un sistema de juego revolucionario que adelantaba conceptos que el fútbol europeo tardaría décadas en asimilar.
El centro delantero Hidegkuti jugaba retrasado, creando confusión en las defensas rivales. Puskás era un interior izquierdo de extraordinaria calidad técnica y gol. Kocsis remataba de cabeza con una precisión sin igual. Este conjunto había aplastado a Inglaterra 6-3 en Wembley en noviembre de 1953, la primera derrota de los ingleses en casa ante un equipo no británico, en un partido que sacudió los cimientos del fútbol mundial.
En Suiza, Hungría arrolló en la fase de grupos: derrotó a Corea del Sur (9-0) y, en un partido de grupo sin consecuencias para los ya clasificados, venció a Alemania Occidental (8-3). Kocsis marcó once goles solo en la fase de grupos, terminando el torneo con 11 tantos totales, récord del Mundial de 1954.
El Milagro de Berna
La final del 4 de julio de 1954 en Berna reunió a Hungría y Alemania Occidental en el Wankdorf Stadion. Lluvia torrencial, campo embarrado y un conjunto húngaro que se adelantó 2-0 en los primeros ocho minutos. Todo apuntaba a la coronación de los magiares.
Sin embargo, el seleccionador alemán Sepp Herberger había preparado el partido con meticulosidad. Había guardado varios titulares para la final, dejándolos fuera de la goleada en la fase de grupos precisamente para mantenerlos frescos. Y había apostado por unas nuevas botas con tacos intercambiables diseñadas por Adi Dassler (fundador de Adidas), perfectas para el campo encharcado.
Alemania empató antes del descanso. Helmut Rahn marcó el 3-2 definitivo en el minuto 84. Puskás marcó lo que parecía el empate en los últimos minutos, pero el árbitro lo anuló por fuera de juego en una decisión que los húngaros siempre consideraron injusta. Alemania Occidental fue campeona del mundo por primera vez.
El impacto en Alemania
El Milagro de Berna, como se conoció inmediatamente la victoria, tuvo un efecto psicológico enorme en Alemania Occidental. El país estaba en plena reconstrucción tras la derrota en la guerra, dividido, humillado y empobrecido. El título mundial se convirtió en un símbolo de recuperación nacional, un momento de orgullo colectivo que muchos historiadores señalan como el inicio del renacimiento de la identidad alemana de posguerra.
España en el torneo
España llegó al Mundial de 1954 con ciertas expectativas tras su cuarto puesto en 1950, pero el resultado fue decepcionante. En la fase de grupos cayó ante Brasil (1-0) y empató con Alemania Occidental (2-2), lo que no fue suficiente para pasar a la siguiente ronda. La selección española quedó eliminada en la fase de grupos sin apenas dejar huella en el torneo.
Datos del torneo
El torneo, que se disputó en 6 estadios suizos, produjo 140 goles en 26 partidos, una media de 5,38 por encuentro, la más alta de toda la historia del Mundial. Entre ellos, el partido de cuartos entre Austria y Suiza terminó 7-5 en un encuentro caótico y espectacular. Sándor Kocsis fue el máximo goleador con 11 tantos.