Lance Mackey es la figura más extraordinaria que ha producido el mushing moderno. Su historia mezcla talento deportivo excepcional, una determinación sobrehumana y un contexto personal tan difícil que su éxito resulta casi inverosímil. Cuando Mackey ganó su primer Iditarod en 2007, nadie podía imaginar que era el primero de una serie de cuatro victorias consecutivas que cambiarían para siempre la historia de la carrera.
Nació en Fairbanks, Alaska, en 1970, en el seno de una familia con profundas raíces en el mushing. Su padre, Dick Mackey, había ganado el Iditarod en 1978 en uno de los finales más dramáticos de la historia de la carrera: llegó a Nome con solo un segundo de ventaja sobre Rick Swenson después de más de dos semanas de competición. Lance creció, por tanto, con el mushing en la sangre y con el Iditarod como referente máximo.
Un camino hacia la cima lleno de obstáculos
La carrera deportiva de Lance Mackey no fue un ascenso lineal. En 2001 le fue diagnosticado un cáncer de garganta que exigió un tratamiento agresivo de quimioterapia y radioterapia. Los efectos secundarios del tratamiento afectaron a su circulación, y Mackey convivió durante años con problemas en los dedos de las manos y los pies causados por la mala circulación en las extremidades, un problema especialmente serio para alguien que pasa semanas enteras en temperaturas de -40 °C.
En lugar de retirarse del mushing, Mackey utilizó la preparación para las carreras como parte de su proceso de recuperación. Desarrolló sus perros, afinó su método de entrenamiento y construyó un equipo canino que en 2005 ya era uno de los mejores del circuito. Su victoria en el Yukon Quest de 2005 fue la señal de que algo especial estaba ocurriendo.
El dominio de 2007 a 2010
Los cuatro años de dominio de Mackey sobre el Iditarod son únicos en la historia de la carrera. En 2007 ganó el Iditarod por primera vez, con un equipo de perros notablemente diferente al de sus rivales: Mackey apostaba por un manejo del descanso más activo y por perros con una personalidad sociable y entusiasta que mantenían la moral alta en los tramos más duros. En 2007 y 2008 logró la proeza de ganar el Yukon Quest y el Iditarod en el mismo año, dos carreras de más de 1.600 km cada una separadas por apenas unas semanas.
Lo que distinguía a Mackey de sus rivales no era solo la velocidad de sus perros: era su lectura de la carrera. Sabía cuándo presionar, cuándo descansar, cómo mantener a sus animales motivados durante semanas de esfuerzo extenuante. Sus perros, criados y seleccionados por él mismo durante años, mostraban un nivel de entusiasmo en los últimos kilómetros que asombraba a observadores y rivales por igual.
Las cuatro victorias consecutivas en el Iditarod solo habían sido igualadas antes por Susan Butcher (1986-1988, tres victorias) y no han sido igualadas desde entonces. Mackey sigue siendo, junto a Rick Swenson y Dallas Seavey, uno de los grandes del mushing de todos los tiempos.