Martin Buser es la prueba viviente de que el mushing no conoce fronteras nacionales. Nacido en Suiza en 1958 y llegado a Alaska en los años 70 en busca de espacio y naturaleza, Buser construyó una de las carreras deportivas más notables del Iditarod sin renunciar nunca a sus principios sobre el trato de los animales. Sus cuatro victorias en la carrera más famosa del mundo ártico lo sitúan entre los grandes del mushing, pero es su posición como voz del bienestar animal lo que ha dado a su figura una dimensión extra.
El aprendizaje desde la base
Cuando Buser llegó a Alaska no era musher: era un joven suizo fascinado por los espacios abiertos y los animales que quería ver el Gran Norte de cerca. Empezó trabajando en kennels ajenos, cuidando y entrenando los perros de otros mushers, aprendiendo el oficio desde abajo. Este aprendizaje desde la base le dio un conocimiento profundo de los animales que más tarde se convertiría en su mayor activo como competidor.
Su primera participación en el Iditarod fue en 1980, una edición en la que completó la carrera pero muy lejos de las primeras posiciones. Durante la década siguiente fue mejorando de forma constante, construyendo su kennel Happy Trails en Big Lake (Alaska), criando y seleccionando sus propios perros y desarrollando su método de entrenamiento y manejo de carrera.
El estilo de Buser: velocidad y cuidado
Lo que hacía peculiar el estilo de Buser respecto a otros mushers de élite era su capacidad para combinar la velocidad con el cuidado extraordinario de los animales. Su victoria en 2002, con un récord de la carrera de menos de 9 días, demostró que ir rápido y tratar bien a los perros no son objetivos contradictorios: son complementarios. Un perro bien descansado, bien alimentado y bien tratado rinde más que uno maltratado, por la sencilla razón de que corre con entusiasmo en lugar de hacerlo por obligación.
Buser es conocido en la comunidad del mushing por su disposición a retirar perros del equipo de forma preventiva, antes de que aparezcan síntomas claros de agotamiento. Esta postura, que le ha costado posiciones en varias ediciones del Iditarod, refleja una filosofía que va más allá del reglamento: para Buser, la responsabilidad sobre los animales no termina cuando la carrera acaba.
El promotor del cambio
Buser ha sido un interlocutor activo con los grupos de protección animal que critican el mushing de larga distancia. En lugar de rechazar las críticas, las ha considerado como una oportunidad para mejorar los protocolos del deporte. Ha colaborado con veterinarios de la Universidad de Cornell y con la organización del Iditarod para desarrollar mejores sistemas de evaluación del estado de los perros durante la carrera. Su postura es que el mushing puede ser un deporte exigente y éticamente responsable al mismo tiempo, y que la única forma de demostrarlo es con hechos y no con declaraciones.