El netball es un deporte de equipo derivado del baloncesto, muy popular en los países de la Commonwealth, especialmente en Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido y el Caribe. Sus reglas específicas —que prohíben el bote del balón y obligan a detenerse inmediatamente tras la recepción— generan un patrón de movimiento único con frenadas bruscas, saltos y aterrizajes en un pie que ponen una demanda articular muy específica sobre rodillas y tobillos. Es uno de los deportes femeninos con mayor incidencia de lesiones graves del tren inferior, especialmente del ligamento cruzado anterior.
Lesiones más frecuentes
Esguince de tobillo. Es la lesión más frecuente en netball en términos absolutos. Los aterrizajes de los saltos de tiro, las recepciones en movimiento y los cambios de posición en la pista crean condiciones repetidas para el esguince en inversión del tobillo.
Lesión del ligamento cruzado anterior (LCA). Las frenadas bruscas tras la recepción del balón —obligatorias por las reglas del netball— y los aterrizajes de saltos en posición de valgo de rodilla son los mecanismos más frecuentes de rotura del LCA. La incidencia es significativamente mayor que en deportes sin esta regla de parada obligatoria.
Lesiones de dedos. La recepción del balón con los dedos extendidos somete a los ligamentos de los dedos a impactos frecuentes. Los esguinces de los ligamentos colaterales de los dedos y las luxaciones interfalángicas son lesiones muy habituales en el netball.
Tendinitis rotuliana. Los saltos repetidos en tiro y las frenadas bruscas sobrecargan el tendón rotuliano. La tendinitis rotuliana aparece de forma progresiva en jugadoras con alto volumen de entrenamiento y competición, especialmente en posiciones de ataque que realizan más saltos.
Lesiones de hombro. Los pases repetidos y los tiros a canasta sobrecargan los tendones del manguito rotador. Las luxaciones de hombro pueden producirse en las caídas y en los bloqueos con el brazo extendido.
Factores de riesgo
La falta de trabajo de aterrizaje controlado en el entrenamiento —que enseña a absorber el impacto con rodillas y cadera en lugar de con el tobillo— es el principal factor de riesgo prevenible de las lesiones del LCA. El historial de esguince de tobillo con propiocepción no completamente recuperada es el mayor factor de riesgo individual para la recurrencia. Las superficies de pista duras o irregulares amplían el riesgo de las frenadas bruscas. La fatiga en los últimos cuartos del partido reduce el control neuromuscular de los aterrizajes.
Cómo prevenirlas
El entrenamiento de aterrizaje controlado —con énfasis en doblar rodillas y caderas al aterrizar, evitando el valgo de rodilla— tiene una evidencia sólida de reducción del riesgo de lesión del LCA. El trabajo de propiocepción de tobillo debe formar parte de todos los calentamientos. El fortalecimiento del glúteo medio y los estabilizadores de la cadera protege la rodilla de los colapsos en valgo. El calzado con buen soporte lateral y amortiguación es fundamental en pistas duras. Las tobilleras funcionales reducen el riesgo de recurrencia en jugadoras con historial de esguince.
Recuperación
Los esguinces de tobillo de grado I y II se recuperan en dos a seis semanas con fisioterapia y propiocepción. La rotura del LCA generalmente requiere cirugía de reconstrucción seguida de seis a doce meses de rehabilitación. Las lesiones de dedos —esguinces simples— se recuperan en una a tres semanas con vendaje funcional. La tendinitis rotuliana mejora con trabajo excéntrico de cuádriceps en cuatro a ocho semanas. La vuelta al netball tras lesión grave debe incluir trabajo de saltos y frenadas controladas antes de recuperar la intensidad competitiva.