El netball en España vive en los años 2020 una transición interesante: de ser un deporte exclusivo de las comunidades de expatriados del Commonwealth a convertirse en una disciplina con presencia real en las grandes ciudades españolas y con jugadoras nacionales que se forman desde jóvenes en el deporte. El proceso no es rápido, pero la dirección es clara.
Más allá de los expatriados: el netball se abre a los españoles
Durante las dos primeras décadas del siglo XXI, el netball en España fue fundamentalmente un deporte de comunidades británicas y del Commonwealth. Los clubes estaban formados mayoritariamente por mujeres de origen anglosajón, australiano, neozelandés o sudafricano, y la práctica se concentraba en zonas de alta densidad de población expatriada.
Esa situación ha ido cambiando gradualmente. En ciudades como Madrid y Barcelona, donde el netball ha llegado a través de redes distintas —escuelas bilingües, intercambios universitarios, redes sociales—, los clubes presentan hoy una composición más diversa, con un número creciente de jugadoras españolas sin vínculo familiar con el Commonwealth.
Las escuelas bilingües y el deporte escolar
Uno de los factores que más ha contribuido a esta apertura es la expansión de las escuelas bilingües con currículum anglosajón en España. Estos centros, que siguen el sistema educativo británico, incluyen el netball en su programa de educación física, generando una cantera de jugadoras españolas jóvenes formadas directamente en el deporte desde la infancia.
Los clubes más activos
La geografía del netball en España sigue siendo fiel a sus orígenes en parte: Marbella, Palma de Mallorca y las zonas del Gibraltar tienen clubes muy activos vinculados a la comunidad del Commonwealth. Pero a estos polos tradicionales se han añadido equipos en Madrid, Barcelona, Bilbao y otras ciudades donde la práctica ha llegado por vías más diversas.
Los clubes madrilleños y barceloneses son los que muestran mayor crecimiento en incorporación de jugadoras españolas, mientras que los clubes de la costa sur y las islas mantienen una composición más vinculada a la diáspora anglosajona.
La selección española: composición y competiciones
La selección española de netball ha evolucionado significativamente en su composición. Si en sus primeros años estaba formada casi íntegramente por jugadoras de origen británico o del Commonwealth con pasaporte español, la selección actual incluye un número creciente de jugadoras formadas en España desde jóvenes.
La selección participa en el Campeonato Europeo de Netball, organizado por World Netball Europe, donde compite en las divisiones de desarrollo junto a selecciones como las de Portugal, Malta, Eslovaquia o los países del Báltico. Los resultados permiten a España seguir creciendo técnicamente y mantener la presencia en el circuito europeo.
El sistema de divisiones europeas
World Netball Europe organiza el netball continental en un sistema de divisiones, con la División A para las selecciones más fuertes —encabezadas por Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda— y divisiones de desarrollo para los países en crecimiento. España compite en estas divisiones inferiores, con el objetivo a largo plazo de ascender de categoría.
El netball masculino y la práctica mixta
Aunque minoritario, el netball masculino también tiene presencia en España, principalmente en Madrid y Barcelona. Algunos clubes organizan sesiones de netball mixto que han atraído a jugadores de baloncesto y otros deportes de equipo. La World Netball ha impulsado en los últimos años la promoción del netball masculino e inclusivo, y España ha acogido algunos torneos y clínicas internacionales relacionados con esta iniciativa.
Retos y perspectivas
El principal reto del netball español es consolidar la base de practicantes españolas nativas que garanticen la continuidad del deporte más allá de las generaciones de expatriados. Los programas de netball escolar en colegios bilingües son la apuesta más prometedora en ese sentido. A medio plazo, el objetivo es tener una liga nacional robusta con equipos estables en al menos ocho o diez ciudades, y una selección competitiva en el contexto europeo de desarrollo.