Los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 se celebraron para conmemorar el centenario del olimpismo moderno: cien años después de Atenas 1896, el movimiento olímpico cumplía su primer siglo de historia. Era la ocasión para una celebración. La realidad fue más complicada: la organización generó críticas, el atentado en el Parque Olímpico ensombreció los Juegos y la excesiva comercialización molestó a puristas del olimpismo. Pero también hubo momentos de grandeza deportiva pura, protagonizados por atletas que reescribieron los libros de récords.
Sede y contexto: el centenario olímpico
Los XXVI Juegos Olímpicos se celebraron en Atlanta, Estados Unidos, del 19 de julio al 4 de agosto de 1996. Participaron 10.318 atletas de 197 países en 26 deportes, con un número récord de naciones representadas. La concesión de los Juegos a Atlanta en lugar de a Atenas —la sede “natural” del centenario— generó polémica: muchos en Grecia y en el mundo olímpico sentían que Atenas merecía el honor de albergar los Juegos del centenario, y la victoria de Atlanta (con el peso del apoyo de Coca-Cola y de la base empresarial americana) fue vista por muchos como una victoria del dinero sobre la tradición.
La organización de los Juegos fue criticada por problemas de transporte, señalización deficiente y una comercialización que convirtió partes del recinto olímpico en un mercado ambulante. Sin embargo, las competiciones se desarrollaron con normalidad y el nivel deportivo fue extraordinario.
El atentado en el Parque Olímpico
En la madrugada del 27 de julio de 1996, una bomba de tubería explosionó en el Parque Centennial Olympic Park, el área pública central de los Juegos. El atentado causó dos muertos (una mujer fallecida directamente por la explosión y un hombre de infarto intentando huir) y más de cien heridos. El autor fue Eric Robert Rudolph, un extremista de derechas que atacó también otras instalaciones en años posteriores y no fue detenido hasta 2003.
La gestión inicial del atentado fue polémica: el FBI señaló erróneamente al guardia de seguridad Richard Jewell como sospechoso, destruyendo su reputación antes de ser completamente exonerado. Los Juegos continuaron, siguiendo ya la tradición establecida en Múnich de no interrumpir la competición ante el terrorismo. El atentado fue un golpe emocional para unos Juegos que ya tenían dificultades de imagen.
Muhammad Ali enciende el pebetero
En la ceremonia de apertura, el mundo contuvo el aliento cuando la llama olímpica llegó al pebetero del estadio en manos de Muhammad Ali. El exboxeador, leyenda del deporte mundial y tres veces campeón del mundo de los pesos pesados, avanzó con el mechero entre sus manos visiblemente temblorosas por el Parkinson que padecía. El momento fue de una emotividad extraordinaria: el hombre que había sido privado de su título mundial en los años 60 por negarse a ir a Vietnam, símbolo de la lucha por los derechos civiles y considerado el deportista del siglo, encendía el fuego olímpico del centenario. Millones de personas en todo el mundo lloraron ante sus televisores.
Michael Johnson: doble histórico con doble récord
En el estadio, el velocista estadounidense Michael Johnson protagonizó la actuación individual más memorable de Atlanta. Johnson ganó el oro en los 400 metros con récord mundial (43,49 segundos) y unos días después también en los 200 metros, estableciendo otro récord mundial con un tiempo de 19,32 segundos, que pulverizó el anterior registro por un margen histórico.
Era la primera vez en la historia olímpica que un atleta ganaba el doble de 200 y 400 metros en la misma edición. Johnson, con sus características zapatillas doradas, corrió los 200 metros de manera tan dominante que algunos expertos la describieron como la carrera de velocidad más perfecta jamás vista. Su récord de 200 metros duró hasta 2009, cuando Usain Bolt lo mejoró en Berlín.
España: 17 medallas y grandes actuaciones
El equipo español protagonizó en Atlanta una de sus mejores actuaciones históricas con 5 oros, 6 platas y 6 bronces (17 medallas en total), solo por detrás de Barcelona 1992. Entre los grandes logros españoles:
- Miguel Induráin ganó el oro en la contrarreloj de ciclismo en ruta, su única medalla olímpica y coronamiento de una carrera que incluía cinco Tours de France consecutivos (1991-1995).
- La selección masculina de baloncesto (el “Dream Team español”) llegó a la final, donde fue derrotada por el equipo americano, pero ganó la plata en una actuación que consolidó a España como potencia mundial del baloncesto.
- Actuaciones destacadas también en vela, atletismo y otros deportes completaron un medallero que confirmó a España como nación deportiva de primer nivel.
Atlanta 1996 fue, pese a sus sombras, una edición olímpica de gran riqueza deportiva: el primer triunfo olímpico del fútbol femenino (Nigeria), el debut del sóftbol y el bádminton, y unos atletas en general que ofrecieron rendimientos históricos en el centenario del olimpismo moderno.