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2000

XXVII Juegos Olímpicos

Sídney 2000 — Juegos Olímpicos de Verano

Australia · 15 septiembre – 1 octubre 2000

🏋️ 28 deportes 🌍 199 países 👤 10.651 atletas 🇪🇸 España: 3 oro, 3 plata, 5 bronce

Los Juegos del nuevo milenio, celebrados en Australia con Cathy Freeman como símbolo de la reconciliación entre los australianos y los pueblos aborígenes.

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Los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 fueron aclamados de manera prácticamente unánime como los mejores Juegos Olímpicos de la historia moderna. El COI, los medios internacionales y los propios atletas coincidieron: Sídney había organizado unos Juegos impecables, con instalaciones de primera clase, una ciudad espectacular como telón de fondo y un ambiente de celebración genuina que rara vez se consigue en eventos de esta magnitud. El momento cumbre fue humano y simbólico: una atleta aborigen encendió el pebetero olímpico y luego ganó la carrera más emotiva de los Juegos.

Sede y organización: la perfección australiana

Los XXVII Juegos Olímpicos se celebraron en Sídney, Australia, del 15 de septiembre al 1 de octubre de 2000. Participaron 10.651 atletas de 199 países en 28 deportes, con el taekwondo y el triatlón como nuevas incorporaciones al programa olímpico. El Parque Olímpico de Homebush Bay, construido sobre un terreno industrial recuperado, reunió en un espacio compacto la mayoría de instalaciones, facilitando la logística tanto para los atletas como para el público.

El clima primaveral del hemisferio sur en septiembre fue otro factor positivo. Los australianos, apasionados del deporte y con una tradición organizativa sólida, demostraron que podían acoger el mayor evento deportivo del mundo con una hospitalidad y una eficiencia que dejaron una impresión duradera en todos los participantes.

Cathy Freeman: la llama que une dos Australias

El momento más emotivo de los Juegos de Sídney —y quizás uno de los más emotivos de toda la historia olímpica— fue la elección de la velocista aborigen Cathy Freeman para encender el pebetero olímpico en la ceremonia de apertura. Freeman, que había cargado la bandera australiana en Atlanta 1996 y había ganado la plata en los 400 metros en esa edición, simbolizaba la posibilidad de una reconciliación entre Australia y sus pueblos originarios, cuya historia de marginalización y despojo es uno de los capítulos más oscuros del país.

Encendió el pebetero con una solemnidad visible, rodeada de agua en un efecto visual espectacular, y semanas después corrió los 400 metros femeninos ante 112.000 espectadores en el Estadio Olímpico. La carrera fue de una tensión casi insoportable: Freeman era la favorita y toda Australia la esperaba, pero la presión era inmensa. Ganó el oro con un tiempo de 49,11 segundos, y su celebración —sentada en la pista, con el traje de cuerpo entero que había usado en todas sus carreras— fue una imagen de alivio y emoción genuina que recorrió el mundo.

Ian Thorpe y la supremacía australiana en natación

El nadador australiano Ian Thorpe fue el gran protagonista deportivo de los Juegos en casa. Con apenas diecisiete años, “Thorpedo” ganó tres oros y dos platas, dominando los 200 y 400 metros libres y contribuyendo al relevo 4x100. Su victoria en el relevo 4x100 fue especialmente dramática: Australia derrotó a los Estados Unidos, que habían ganado esa prueba en todos los Juegos desde 1964.

Thorpe, con sus pies de talla 17 y su armada capacidad de propulsión, fue inmediatamente identificado como uno de los grandes nadadores de todos los tiempos. Sus actuaciones en Sídney inauguraron una edad dorada de la natación australiana que se prolongó durante la siguiente década.

Marion Jones y el dopaje que llegó tarde

La velocista estadounidense Marion Jones ganó cinco medallas en Sídney (tres oros y dos bronces) en lo que parecía una actuación histórica. Años después, en 2007, Jones admitió haber consumido esteroides y fue despojada de todas sus medallas. Sus títulos fueron anulados y redistribuidos, afectando también a sus compañeras de relevos. El caso Jones fue un recordatorio de que el dopaje podía tardar años en detectarse y que ninguna actuación olímpica estaba completamente a salvo del escrutinio posterior.

Haile Gebrselassie ganó el oro en los 10.000 metros, consolidando su estatus de mejor corredor de fondo de la historia. El maratón femenino lo ganó la japonesa Naoko Takahashi, y el maratón masculino fue para el etíope Gezahegne Abera.

España: once medallas

El equipo español logró en Sídney una actuación notable con 3 oros, 3 platas y 5 bronces (11 medallas en total). Las medallas de oro llegaron en disciplinas como la vela —tradición consolidada del deporte español— y otras especialidades que mostraban la profundidad del sistema deportivo nacional construido desde los Juegos de Barcelona.

Sídney 2000 cerró el siglo XX del olimpismo de la mejor manera posible: con unos Juegos que recordaron al mundo entero por qué el deporte tiene el poder de unir personas, comunidades y naciones. El legado sigue siendo visible en las instalaciones de Homebush Bay, que continúan siendo referencia deportiva en Australia más de dos décadas después.

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