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1968

XIX Juegos Olímpicos

Ciudad de México 1968 — Juegos Olímpicos de Verano

México · 12 – 27 octubre 1968

🏋️ 20 deportes 🌍 112 países 👤 5516 atletas

Los primeros Juegos Olímpicos en Latinoamérica, recordados por el récord eterno de Bob Beamon, el revolucionario Fosbury Flop y el polémico saludo del Black Power.

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Los Juegos Olímpicos de Ciudad de México 1968 fueron los primeros celebrados en América Latina y los primeros en un país hispanohablante, un hito histórico de enorme significado simbólico. Sin embargo, la edición quedó marcada por una combinación irrepetible de actuaciones deportivas extraordinarias —algunas de las cuales reescribieron los límites de lo humanamente posible— y por momentos de tensión política que reflejaron las convulsiones de un mundo en plena transformación.

Sede y contexto: México en el punto de mira

Los XIX Juegos Olímpicos se celebraron en Ciudad de México, México, del 12 al 27 de octubre de 1968. Participaron 5.516 atletas de 112 países en 20 deportes. La celebración en la capital mexicana fue polémica desde el principio: la ciudad se encuentra a 2.240 metros sobre el nivel del mar, una altitud que generó encendidos debates sobre su impacto en el rendimiento de los atletas.

Los científicos advirtieron que la altitud favorecería las pruebas de velocidad y salto (por el menor aire de resistencia) pero perjudicaría las pruebas de fondo. Los hechos les dieron la razón de manera espectacular. Apenas diez días antes de la inauguración, el país vivió la tragedia de la Matanza de Tlatelolco: el ejército mexicano dispersó a tiros una manifestación estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas, causando decenas de muertos (el número exacto sigue siendo objeto de debate histórico). Los Juegos se celebraron en un clima de tensión social y política que ya no abandonaría aquella edición.

Bob Beamon: el salto del siglo

Si los Juegos de México 1968 son recordados por una sola actuación deportiva, esa es sin duda el salto de Bob Beamon. El 18 de octubre de 1968, el atleta estadounidense tomó carrerilla, despegó desde la tabla de saltos y aterrizó a 8,90 metros de distancia. Los jueces tuvieron que buscar una cinta métrica convencional porque el aparato de medición óptico del estadio no tenía escala para ese tipo de distancias.

El récord anterior era 8,35 metros. Beamon lo había superado en 55 centímetros en un solo salto. Cuando le comunicaron la medida en metros (él pensaba en pies y pulgadas), Beamon colapsó emocionado sobre la pista. Su compañero Ralph Boston tuvo que explicarle lo que acababa de conseguir. El récord de Beamon resistiría 23 años, hasta que Mike Powell lo superara por apenas 5 centímetros en Tokio en 1991. En el argot deportivo, una actuación que supera en exceso cualquier referencia anterior se llama todavía hoy “un salto de Beamon”.

Dick Fosbury y la revolución del salto de altura

En el salto de altura, el estadounidense Dick Fosbury revolucionó para siempre la técnica de su disciplina. En lugar del estilo tradicional (el rodillo ventral, pasando la barra de cara), Fosbury saltó de espaldas, arqueando el cuerpo en una posición que sus contemporáneos consideraban estrambótica y que los comentaristas bautizaron en el acto como el “Fosbury Flop”.

No solo ganó el oro olímpico con un salto de 2,24 metros (récord olímpico), sino que demostró que su técnica era biomecánicamente superior. En las décadas siguientes, el Fosbury Flop se convirtió en la técnica estándar de todos los saltadores de altura del mundo. Hoy, medio siglo después, es prácticamente imposible ver a un saltador de altura que no salte de espaldas.

El saludo del Black Power: el olimpismo y la política

El momento más controvertido de Ciudad de México 1968 no fue deportivo, sino político. En la ceremonia de entrega de medallas de los 200 metros masculinos, los velocistas estadounidenses Tommie Smith (oro) y John Carlos (bronce) levantaron el puño enguantado de negro durante el himno nacional de Estados Unidos en un gesto de protesta contra la discriminación racial en su país. Smith llevaba el puño derecho enguantado, Carlos el izquierdo, y ambos inclinaron la cabeza.

La imagen dio la vuelta al mundo. El Comité Olímpico Internacional, presidido por Avery Brundage, los expulsó de la Villa Olímpica. Ambos atletas fueron ignorados durante años en su propio país y sufrieron represalias profesionales. Décadas después, la posteridad rehabilitó su gesto: en 2005, la Universidad Estatal de San José (donde ambos estudiaron) erigió una estatua en su honor. El saludo del Black Power en el podio olímpico de México 1968 es uno de los momentos más icónicos de la historia del deporte y del activismo político del siglo XX.

Vera Čáslavská y otros protagonistas

La gimnasta checoslovaca Vera Čáslavská fue otra figura memorable de estos Juegos. Ganó cuatro oros y dos platas, y en la entrega de medallas de las dos pruebas en que quedó segunda (detrás de gimnastas soviéticas), giró discretamente la cabeza durante el himno soviético en señal de protesta por la invasión soviética de Checoslovaquia en agosto de 1968. Su gesto fue igualmente simbólico y conmovedor.

En el atletismo femenino, la velocista estadounidense Wyomia Tyus repitió el oro en los 100 metros (como Bikila en maratón cuatro años antes), convirtiéndose en la primera atleta —hombre o mujer— en defender con éxito el título olímpico en esa prueba. España no logró medallas en estos Juegos, pero la participación española fue notable en diversas disciplinas.

Un legado ambivalente

Los Juegos de Ciudad de México dejaron un legado ambivalente: deportivamente, produjeron algunos de los momentos más memorables de la historia olímpica. Políticamente, fueron el escenario donde el olimpismo se vio desbordado por las tensiones del mundo exterior, algo que no volvería a ocurrir con tanta intensidad hasta Múnich 1972.

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