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1972

XX Juegos Olímpicos

Múnich 1972 — Juegos Olímpicos de Verano

Alemania Occidental · 26 agosto – 11 septiembre 1972

🏋️ 21 deportes 🌍 121 países 👤 7134 atletas

Los Juegos de Múnich quedaron marcados para siempre por la Masacre del 5 de septiembre, en la que once miembros del equipo israelí fueron asesinados por el grupo terrorista Septiembre Negro.

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Los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 debían ser los Juegos de la reconciliación y la alegría. Alemania Occidental, que apenas veintisiete años antes había protagonizado el horror de la Segunda Guerra Mundial, quería mostrar al mundo una cara nueva: moderna, democrática, abierta. El diseño de los Juegos, con instalaciones ligeras y transparentes diseñadas por el arquitecto Frei Otto, el logotipo vibrante creado por Otl Aicher y una organización impecable, prometían la edición más festiva de la historia. La realidad fue la más trágica.

Sede y ambición: los Juegos de la alegría

Los XX Juegos Olímpicos se celebraron en Múnich, Alemania Occidental, del 26 de agosto al 11 de septiembre de 1972. Participaron 7.134 atletas de 121 países en 21 deportes, cifras récord para la época. El Parque Olímpico construido para la ocasión, con su característico techo de plástico transparente que parecía flotar sobre las instalaciones, fue inmediatamente aclamado como una obra maestra de la arquitectura moderna y sigue siendo, medio siglo después, uno de los conjuntos arquitectónicos olímpicos más bellos de la historia.

La mascota, el perro salchicha Waldi, fue la primera mascota oficial de la historia olímpica. Los organizadores querían Juegos festivos, abiertos, sin la tensión de la seguridad masiva que habría evocado demasiado el pasado del país. Esa decisión tendría consecuencias devastadoras.

Mark Spitz: siete oros en una semana

Antes de la tragedia, los Juegos de Múnich habían alumbrado una de las actuaciones deportivas más extraordinarias de la historia olímpica. El nadador estadounidense Mark Spitz ganó siete medallas de oro en una sola edición, estableciendo récord mundial en cada una de las siete pruebas en las que compitió (cuatro individuales y tres relevos).

Spitz llegó a Múnich con la carga de haber fracasado en sus expectativas en Ciudad de México 1968, donde había pronosticado ganar seis oros y no pasó de dos. En Múnich fue absolutamente implacable: en los 100 y 200 metros mariposa, los 100 y 200 metros libres, y tres relevos, no tuvo rival. Su registro de siete oros en una sola edición olímpica se mantendría como récord absoluto durante 36 años, hasta que Michael Phelps lo superara en Pekín 2008.

Olga Korbut: la niña que enamoró al mundo

En la gimnasia artística femenina, la bielorrusa Olga Korbut capturó la imaginación del mundo entero. Con apenas diecisiete años, su agilidad, su carisma y su atrevida forma de moverse en los aparatos —ejecutando elementos de riesgo que entonces se consideraban imposibles— la convirtieron en la gran estrella humana de los Juegos. Ganó tres oros y una plata, y el salto hacia atrás sobre la barra de equilibrio que ejecutó en Múnich todavía se llama “el Korbut”. Su popularidad disparó la práctica de la gimnasia entre niñas de todo el mundo durante años.

La Masacre de Múnich: el 5 de septiembre de 1972

En la madrugada del 5 de septiembre de 1972, ocho miembros del grupo terrorista palestino Septiembre Negro entraron en la Villa Olímpica y tomaron como rehenes a once miembros de la delegación israelí (dos fueron asesinados en el asalto inicial). Los terroristas exigían la liberación de prisioneros palestinos detenidos en Israel.

Las negociaciones se prolongaron durante horas, transmitidas en directo por televisión a todo el mundo. En el aeropuerto de Furstenfeldbruck, donde se planeaba el traslado en helicóptero de los rehenes, el fallido intento de rescate de las fuerzas de seguridad alemanas acabó en catástrofe: los once rehenes israelíes murieron, junto con un policía alemán y cinco de los ocho terroristas.

La decisión más controvertida fue la del COI, que bajo la presidencia de Avery Brundage optó por no suspender los Juegos. Tras un día de duelo, la competición se reanudó. La frase de Brundage —“los Juegos deben continuar”— sigue siendo objeto de debate ético décadas después. Israel, Egipto y varios países árabes abandonaron la competición. El mundo entero vio en directo cómo el terrorismo había penetrado en el santuario olímpico.

El legado: seguridad y memoria

La masacre de Múnich transformó para siempre la seguridad en los Juegos Olímpicos. A partir de 1972, la Villa Olímpica se convirtió en una fortaleza: acreditaciones, controles, vigilancia permanente. La era de los Juegos “abiertos” había terminado.

El corredor Frank Shorter ganó el maratón para Estados Unidos, primer triunfo americano en esa prueba desde 1908. La atleta finlandesa Lasse Virén ganó los 5.000 y 10.000 metros a pesar de haber caído durante la carrera larga. España no sumó medallas en Múnich 1972, pero el deporte español vivía un proceso de crecimiento que daría sus frutos en las siguientes décadas.

Los Juegos de Múnich 1972 son, inevitablemente, los Juegos de la masacre. El intento de mostrar al mundo una Alemania nueva y abierta quedó sepultado bajo el horror de aquellas horas en la Villa Olímpica. El memorial a las víctimas israelíes, inaugurado décadas después, es hoy parte esencial de la memoria del Parque Olímpico de Múnich.

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