Los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 son recordados por una paradoja: protagonizaron uno de los momentos más perfectos de la historia del deporte —el primer 10 en gimnasia olímpica— al tiempo que se convertían en uno de los mayores desastres organizativos y financieros de la historia del olimpismo. La ciudad de Montreal tardó treinta años en pagar la deuda contraída para organizar estos Juegos, y el boicot de 28 países africanos privó a la competición de parte de sus mejores atletas.
Sede y organización: la deuda olímpica
Los XXI Juegos Olímpicos se celebraron en Montreal, Canadá, del 17 de julio al 1 de agosto de 1976. Participaron 6.084 atletas de 92 países en 21 deportes. El alcalde de Montreal, Jean Drapeau, había prometido que los Juegos serían “autofinanciables” y que el Estadio Olímpico —diseñado por el arquitecto Roger Taillibert con su característica torre inclinada— se construiría sin coste para el erario público. Ambas promesas resultaron catastróficas.
El coste final de los Juegos se disparó hasta aproximadamente 1.500 millones de dólares (los presupuestos iniciales hablaban de 120 millones). La deuda olímpica de Montreal, que recayó sobre los contribuyentes de Quebec mediante un impuesto especial sobre el tabaco, no se liquidó completamente hasta noviembre de 2006, treinta años después de la clausura de los Juegos.
El boicot africano: política en el estadio
Veintiocho países africanos, liderados por Tanzania, boicotearon los Juegos de Montreal en protesta por la participación de Nueva Zelanda, cuya selección de rugby había realizado una gira por Sudáfrica, país entonces excluido del olimpismo por el apartheid. El COI rechazó la petición africana de excluir a Nueva Zelanda (argumentando que el rugby no era deporte olímpico), y los países africanos optaron por no participar.
La ausencia fue una pérdida notable para el atletismo: corredores como el keniata Filbert Bayi o el tanzano John Akii-Bua eran candidatos al oro en sus disciplinas. El boicot africano de 1976 fue el primero de una serie de protestas políticas que marcarían los Juegos siguientes y que culminarían en los boicots masivos de Moscú 1980 y Los Ángeles 1984.
Nadia Comaneci: la perfección hecha gimnasia
En medio de las turbulencias políticas y los problemas organizativos, los Juegos de Montreal alumbaron un momento de perfección absoluta. El 18 de julio de 1976, la gimnasta rumana Nadia Comaneci, de catorce años, ejecutó su ejercicio en las barras asimétricas. Los jueces le otorgaron una puntuación de 10,00, la máxima posible.
El problema fue que el marcador electrónico del estadio no estaba programado para mostrar un 10, ya que hasta ese momento nadie había imaginado que pudiera ocurrir. El tablero mostró “1,00” durante unos segundos de confusión total. Cuando se aclaró lo ocurrido, el estadio estalló. A lo largo de esos Juegos, Comaneci recibiría siete puntuaciones perfectas de 10,00 y ganaría tres oros olímpicos. Su actuación transformó la gimnasia artística para siempre y convirtió a la niña rumana en una figura icónica del deporte del siglo XX.
Bruce Jenner y Lasse Virén
El estadounidense Bruce Jenner ganó el oro en el decatlón con récord mundial, convirtiéndose en el héroe deportivo de su país aquel verano. Su victoria, cargada de simbolismo nacional en plena Guerra Fría, fue celebrada como la prueba del triunfo del atleta americano sobre los sistemáticos aparatos de entrenamiento del bloque del Este.
El finlandés Lasse Virén repitió los doblete de 5.000 y 10.000 metros que ya había logrado en Múnich 1972, convirtiéndose en el único atleta de la historia en defender con éxito ambos títulos de fondo en los Juegos Olímpicos. Su dominio sobre la distancia fue tan aplastante que algunos insinuaron el uso de técnicas de dopaje de altitud, algo que Virén siempre negó.
España y el contexto general
España no logró medallas en Montreal 1976, aunque la delegación española participó con normalidad. El medallero general estuvo dominado por la Unión Soviética (49 oros) y Estados Unidos (34 oros), en el patrón habitual de la rivalidad olímpica de la Guerra Fría. Alemania del Este tuvo una actuación extraordinaria con 40 oros, resultado de su intensivo programa estatal de preparación deportiva.
Montreal 1976 es una edición agridulce de la historia olímpica: la grandeza de Comaneci y la decepción de una organización que prometió demasiado y dejó una deuda que pesó sobre generaciones de contribuyentes canadienses. Fue también la última edición antes de que los boicots políticos partieran en dos el movimiento olímpico durante casi una década.