Los Juegos Olímpicos de París 1900 son, probablemente, los más caóticos y desorganizados de toda la historia olímpica moderna. Lejos de ser un evento celebrado con la solemnidad y la concentración de Atenas 1896, los II Juegos Olímpicos quedaron completamente diluidos dentro de la Exposición Universal de París, que conmemoraba el inicio del nuevo siglo. Muchos de los atletas participantes no supieron durante años que habían competido en unos Juegos Olímpicos: sus medallas simplemente ponían “Gran Premio de la Exposición”.
Los Juegos de la Exposición Universal
La idea de asociar los Juegos a la Exposición Universal partió del propio gobierno francés, que no estaba demasiado interesado en el proyecto olímpico de Coubertin. El resultado fue una yuxtaposición desastrosa: las competiciones se extendieron a lo largo de cinco meses, desde mayo hasta octubre, dispersas por distintos escenarios de París y sus alrededores sin ninguna coordinación central.
No hubo ceremonia de inauguración ni de clausura. No hubo aldea olímpica ni organización de acreditaciones. Los resultados muchas veces no se registraron con precisión, y todavía hoy los historiadores discuten sobre qué pruebas debían considerarse “oficialmente olímpicas” y cuáles eran simplemente competiciones de la Exposición. La participación de 997 atletas de 24 países fue, no obstante, un salto cuantitativo enorme respecto a los 241 de Atenas.
Charlotte Cooper: la primera campeona olímpica
A pesar del caos organizativo, París 1900 tiene el honor de haber acogido la primera participación femenina en la historia de los Juegos Olímpicos. Fueron admitidas mujeres en cinco deportes: tenis, golf, vela, croquet y equitación. En total, participaron unas 22 mujeres de las casi mil personas que compitieron.
La tenista británica Charlotte Cooper se convirtió así en la primera mujer en ganar una medalla de oro olímpica de la historia, al proclamarse campeona en las modalidades de individual y dobles mixtos. Cooper era en ese momento la tenista dominante del mundo, con varios títulos de Wimbledon en su palmarés. Su triunfo en París abrió una brecha que tardaría décadas en ampliarse de forma significativa.
Deportes y pruebas curiosas
El programa olímpico de París 1900 incluyó algunas disciplinas que nunca volvieron a repetirse en unos Juegos y que hoy resultan sorprendentes. Entre ellas figuraban el tiro con arco con variantes extravagantes —incluyendo disparar a palomas vivas—, el polo, la pelota vasca o el cricket. También se celebró una prueba de natación con obstáculos en el río Sena, en la que los participantes debían escalar postes y nadar bajo barcas atracadas.
El atletismo siguió siendo el deporte central, con el estadounidense Alvin Kraenzlein como gran estrella, ganador de cuatro pruebas individuales —los 60 metros, los 110 y 200 metros vallas y el salto de longitud— en tan solo cuatro días, una marca que no sería superada en décadas. Ray Ewry, también estadounidense, ganó las tres pruebas de salto desde parado, una disciplina hoy desaparecida.
La natación en el Sena
Las pruebas de natación se disputaron en las aguas del río Sena, a su paso por Asnières, con corriente a favor, lo que hizo que los tiempos registrados fueran imposibles de comparar con los de otras competiciones. El húngaro Zoltán Halmay y el australiano Frederick Lane fueron los nombres destacados en natación. La peculiaridad del entorno, con las turbias aguas del Sena como piscina olímpica, es uno de los detalles más pintorescos de estos singulares Juegos.
Un legado difuso pero importante
París 1900 no fue un modelo de organización, pero tuvo dos aportaciones fundamentales para el futuro del olimpismo. La primera, la incorporación de la mujer a la competición olímpica, un paso pequeño pero simbólicamente enorme. La segunda, la demostración de que los Juegos no podían depender de eventos paralelos para sobrevivir: debían tener identidad propia.
España no participó en los Juegos de París 1900. El Comité Olímpico Español no se fundaría hasta 1912, y la presencia española en los primeros Juegos del siglo XX sería todavía muy limitada.