Los Juegos Olímpicos de San Luis 1904 son los grandes olvidados de la historia olímpica y, en muchos aspectos, los más extraños que jamás se han celebrado. Organizados de nuevo en paralelo con una Exposición Universal —la que conmemoraba el centenario de la compra de Luisiana—, repitieron los errores de París 1900 multiplicados por el enorme coste del viaje transatlántico que disuadió a la mayoría de los países europeos y del resto del mundo de enviar delegaciones. El resultado fue unos Juegos casi monocolores, dominados abrumadoramente por los atletas de la nación anfitriona.
Una sede accidentada: de Chicago a San Luis
En origen, los III Juegos Olímpicos debían haberse celebrado en Chicago, ciudad que había sido elegida por el COI. Sin embargo, los organizadores de la Exposición Universal de San Luis amenazaron con montar sus propias competiciones atléticas en paralelo si no se trasladaban los Juegos a su ciudad. Ante el riesgo de que el evento olímpico quedara eclipsado, el COI cedió y San Luis se convirtió en la sede. Fue un mal precedente que volvería a repetirse: los Juegos subordinados a intereses comerciales y expositivos.
La distancia geográfica fue el principal problema de estos Juegos. Cruzar el Atlántico era caro y lento en 1904, y la mayoría de las naciones europeas simplemente no enviaron delegaciones. De los 12 países que participaron, la inmensa mayoría de los atletas eran estadounidenses o canadienses. Estados Unidos ganó 239 medallas de un total de 280 disputadas, un porcentaje de dominio que no tiene parangón en la historia olímpica.
El maratón más extraño de la historia
Si San Luis 1904 es recordado por algo, es por la carrera de maratón del 30 de agosto, disputada bajo un sol abrasador con temperaturas superiores a los 32 grados centígrados, en un camino de tierra que levantaba nubes de polvo con cada paso.
El norteamericano Fred Lorz cruzó la línea de meta en primer lugar y fue aclamado como ganador, pero poco después se descubrió que había recorrido en coche parte del trayecto. Fue descalificado de inmediato. El verdadero ganador fue su compatriota Thomas Hicks, que llegó al estadio casi inconsciente después de que sus acompañantes le hubieran administrado durante la carrera dosis de estricnina —considerada en aquella época un estimulante— mezclada con brandy y clara de huevo. Hicks cruzó la meta prácticamente en estado de delirio y tuvo que ser atendido médicamente antes de poder recibir su medalla.
Otro participante destacado fue el cubano Félix Carvajal, que llegó a San Luis sin dinero, recaudando fondos por el camino, y corrió el maratón con pantalones largos recortados con unas tijeras. Pese a hacer paradas para recoger y comer manzanas de un campo, llegó en cuarta posición. También compitieron en esa carrera varios hombres de la tribu sudafricana Tswana, que eran en realidad exhibiciones humanas de la Exposición Universal, en una de las páginas más vergonzosas de la historia olímpica.
Los Juegos Antropológicos: una mancha histórica
Entre los eventos paralelos celebrados en San Luis en 1904, el organizador James E. Sullivan ideó los llamados “Juegos Antropológicos”, una serie de competiciones entre personas procedentes de distintos grupos étnicos presentados como “primitivos”, con el fin declarado de demostrar la superioridad atlética de los hombres blancos occidentales. Fue un espectáculo profundamente racista que no formaba parte del programa olímpico oficial, pero que manchó la imagen de estos Juegos ante la historia.
El COI y Pierre de Coubertin expresaron su disgusto con lo sucedido en San Luis, aunque no tomaron medidas formales. Este episodio aceleró la reflexión sobre la necesidad de que los Juegos Olímpicos tuvieran una identidad propia, independiente de exposiciones y eventos comerciales.
Atletismo y otros deportes
A pesar de todo, hubo actuaciones deportivas notables. El atleta estadounidense Archie Hahn ganó los 60, 100 y 200 metros lisos. Ray Ewry repitió sus tres victorias en las pruebas de salto desde parado que ya había ganado en París. La halterofilia, la lucha libre y la gimnasia completaron un programa que incluyó también varias pruebas hoy desaparecidas del olimpismo.
España no envió delegación a San Luis 1904. La lejanía geográfica y la falta de un comité olímpico nacional organizado lo hacían prácticamente imposible. Estos primeros Juegos en suelo americano pasaron sin dejar huella en el deporte español.