Los Juegos Olímpicos de Londres 1908 llegaron a la capital británica casi por accidente. Habían sido asignados originalmente a Roma, pero la erupción del volcán Vesubio en 1906 devastó la región y obligó al gobierno italiano a destinar todos los fondos disponibles a la reconstrucción. Con menos de dos años de margen, el COI transfirió la organización a Londres, donde el gobierno británico aceptó el desafío. El resultado fue unos Juegos bien organizados pero marcados por la intensa rivalidad entre la nación anfitriona y los Estados Unidos, y por uno de los episodios más dramáticos de la historia olímpica.
Una organización renovada
A diferencia de las ediciones anteriores, Londres 1908 contó con un recinto específicamente construido para los Juegos: el Estadio Olímpico de White City, levantado en el oeste de Londres con capacidad para más de 80.000 espectadores. Era la mayor instalación deportiva construida hasta ese momento para unos Juegos. El estadio incluía una pista de atletismo de 536 metros, una piscina cubierta integrada en el propio campo —la primera piscina olímpica cubierta de la historia— y una pista de ciclismo en madera.
La organización estableció también por primera vez un sistema claro de inscripciones nacionales, con cada país presentando sus atletas a través de sus comités olímpicos nacionales. Este avance administrativo fue fundamental para dar coherencia internacional a los Juegos.
La rivalidad Gran Bretaña–Estados Unidos
Ninguna rivalidad marcó tanto estos Juegos como la que enfrentó a Gran Bretaña y Estados Unidos. Las dos delegaciones chocaron desde el primer día por cuestiones de protocolo: los estadounidenses se negaron a inclinar su bandera ante el palco real durante el desfile de inauguración, y los organizadores británicos fueron acusados de favoritismo en varias decisiones arbitrales. El ambiente fue tenso a lo largo de toda la competición.
En el medallero final, Gran Bretaña acumuló más medallas totales gracias al enorme número de atletas que presentó en deportes como el ciclismo, el remo y el tiro, mientras que Estados Unidos dominó en atletismo. La competición en carreras de fondo fue especialmente reñida, con protestas y apelaciones que anticiparon los conflictos arbitrales que se repetirían en ediciones posteriores.
Dorando Pietri: el héroe descalificado
El momento más memorable de los Juegos de Londres 1908 —y uno de los más recordados de toda la historia olímpica— fue la llegada del corredor italiano Dorando Pietri al estadio al final de la carrera de maratón. Pietri entró al estadio en primer lugar, pero visiblemente desorientado y agotado, comenzó a correr en la dirección equivocada. Cayó al suelo, fue ayudado a levantarse por los jueces, volvió a caer, y así hasta cinco veces. Finalmente, dos oficiales de la organización lo sujetaron y le ayudaron a cruzar la línea de meta.
La imagen de Pietri llegando a la meta con ayuda le valió una ovación del público pero también la descalificación inmediata: el reglamento prohibía cualquier ayuda externa. El ganador oficial fue el estadounidense John Hayes, que llegó en segundo lugar sin necesidad de asistencia. La historia de Pietri conmovió a todo el mundo; la reina Alejandra le entregó una copa especial de oro como reconocimiento a su esfuerzo, y el escritor Arthur Conan Doyle, presente en el estadio, escribió una crónica emocionada sobre lo sucedido. La carrera de 1908 estableció además la distancia oficial del maratón en 42,195 km, la que separaba el palacio de Windsor de la línea de llegada en White City.
Otras actuaciones destacadas
En natación, el húngaro Zoltán Halmay y la delegación británica dominaron las pruebas en la piscina cubierta del estadio. En ciclismo, los corredores del Reino Unido arrasaron en las pruebas de pista. El boxeo apareció por primera vez como deporte olímpico en esta edición.
El medallero fue el más amplio hasta la fecha gracias al creciente número de disciplinas: se disputaron pruebas en 24 deportes, desde el atletismo y la natación hasta el polo, el remo, el tiro con arco y el tiro olímpico. El número de atletas, más de 2.000 por primera vez en la historia olímpica, reflejaba el crecimiento imparable del movimiento.
España y los Juegos de Londres
España no envió una delegación oficial a los Juegos de Londres 1908. El Comité Olímpico Español aún no había sido fundado formalmente, aunque ese mismo año comenzaban los primeros esfuerzos para organizar el deporte español a nivel institucional. La participación española en los Juegos Olímpicos llegaría pocos años después, en Estocolmo 1912.