El par o pareja es la unidad fundamental de competición en el pádel. A diferencia de muchos deportes de raqueta que contemplan tanto el formato individual como el dobles, el pádel es intrínsecamente un deporte de parejas: se juega siempre con cuatro personas, dos por bando, y las reglas, la pista y la dinámica del juego están diseñadas alrededor de esta premisa. No existe un circuito profesional de pádel individual con el mismo nivel y relevancia que el de dobles.
La formación de un par no es un detalle menor. La compatibilidad entre los dos jugadores es determinante: hay parejas que técnicamente tienen jugadores de primer nivel pero que no funcionan bien juntas por diferencias de estilo, comunicación o forma de entender el juego. Los mejores pares del circuito profesional combinan jugadores con roles complementarios —uno más orientado al ataque desde la red, otro con mejor defensa y juego de fondo— y con una química táctica que se forja con horas de entrenamiento compartido.
En el ranking mundial del circuito profesional, los jugadores acumulan puntos tanto a nivel individual como con su pareja. Un cambio de pareja puede suponer una revolución en el rendimiento: hay casos históricos en los que jugadores que no despuntaban con una pareja determinada se convirtieron en número uno del mundo al cambiar de compañero. Esta dependencia mutua hace del pádel un deporte con una dimensión de trabajo en equipo muy diferente a la de otros deportes de raqueta individuales.