El 14 de octubre de 2012, mientras el mundo entero miraba sus pantallas, Felix Baumgartner rompió no solo la barrera del sonido sino la de lo que hasta entonces se consideraba posible para el cuerpo humano en caída libre. Con 1.357,64 km/h —equivalente a Mach 1,25, un 25% por encima de la velocidad del sonido— estableció el récord de velocidad en caída libre que la FAI reconoce como el más alto de la historia.
La física de la velocidad extrema en la estratosfera
Para entender cómo es posible superar la barrera del sonido en caída libre, hay que entender cómo funciona la resistencia aerodinámica. La fuerza de resistencia del aire sobre un objeto en movimiento depende de la densidad del aire: a mayor densidad, mayor resistencia para una misma velocidad.
En la estratosfera alta —a 39 kilómetros de altitud— la densidad del aire es menos del 1% de la que existe al nivel del mar. Esto significa que la resistencia aerodinámica sobre el cuerpo de Baumgartner en los primeros segundos tras el salto era mínima, permitiéndole acelerar muy por encima de los límites habituales de la caída libre. Solo cuando descendió a capas de aire más densas la resistencia comenzó a frenarlo de manera efectiva.
La velocidad del sonido y su variación con la altitud
La velocidad del sonido no es una constante: varía con la temperatura. A nivel del mar, a 20°C, el sonido viaja a aproximadamente 1.235 km/h. En la estratosfera alta, donde la temperatura es de alrededor de -56°C, la velocidad del sonido es menor: aproximadamente 1.080-1.100 km/h. Esto también contribuye a que la barrera del sonido sea más fácil de alcanzar a gran altitud.
Baumgartner alcanzó Mach 1,25 aproximadamente un minuto después de comenzar la caída libre, cuando aún estaba en las capas más altas y enrarecidas de la atmósfera.
El giro descontrolado: el momento más peligroso
El peligro más inmediato durante el salto de Baumgartner no fue superar Mach 1 sino el giro descontrolado que sufrió durante los primeros 13 segundos de la caída libre. Al salir de la cápsula, la asimetría de las fuerzas aerodinámicas sobre su cuerpo lo hizo girar de manera descontrolada. Un giro de este tipo, si no se detiene, puede generar una fuerza centrífuga que incapacite al paracaidista y le impida abrir el paracaídas.
Baumgartner consiguió detener el giro manualmente, adoptando la posición correcta de caída libre, y continuó el descenso de manera estable. El giro duró relativamente poco, pero esos segundos fueron los más tensos de toda la transmisión en directo.
Comparación con la velocidad de Eustace
Cuando Alan Eustace batió el récord de altitud de Baumgartner en 2014, su velocidad máxima fue de 1.321 km/h —también suprasónica pero inferior a los 1.357 km/h de Baumgartner. La diferencia se debe en parte a las posiciones adoptadas durante la caída libre y a las características del traje de cada paracaidista. El récord de velocidad de Baumgartner, por tanto, sigue siendo el más alto ratificado por la FAI.