Nathan Chen nació el 5 de mayo de 1999 en Salt Lake City, Utah, una coincidencia geográfica llamativa dado que la ciudad olímpica de 2002 —la del mayor escándalo en la historia del patinaje artístico— es también la ciudad natal del hombre que se convirtió en el campeón olímpico más dominante de la disciplina masculina en el siglo XXI.
La infancia de un talento múltiple
Chen comenzó a patinar a los tres años y desde muy joven fue considerado un talento excepcional. A diferencia de muchos grandes patinadores, Chen también fue un gimnasta competitivo en su infancia, lo que le aportó la flexibilidad y el control corporal que luego trasladaría al hielo.
Su familia lo apoyó en el patinaje desde temprano, con grandes sacrificios económicos —el patinaje artístico de élite es un deporte extraordinariamente caro en Estados Unidos— y el joven Nathan compaginó la escuela secundaria de alto rendimiento con un calendario competitivo cada vez más exigente.
La debacle de Pyeongchang y la redención
En los Juegos Olímpicos de Pyeongchang 2018, Nathan Chen llegó con 18 años como uno de los grandes favoritos. El programa corto fue un completo desastre: cometió errores en múltiples saltos y cayó a la décimoseptima posición provisional, fuera de toda esperanza de medalla.
Lo que hizo a continuación definió su carácter. En el programa libre, sabiendo que no podía ganar, ejecutó lo que entonces fue el programa libre más técnicamente exigente de la historia del patinaje artístico: seis saltos cuádruples en un único programa libre. No ganó nada, pero el mundo del patinaje supo que había visto al futuro.
El reinado: tres mundiales consecutivos
Entre 2018 y 2022, Nathan Chen fue el hombre dominante del patinaje artístico masculino. Ganó el Campeonato del Mundo en 2018, 2019 y 2021 (el de 2020 fue cancelado por Covid-19), una hegemonía que no se veía en el patinaje masculino americano desde los años 50.
Su forma de patinar revolucionó los estándares del deporte. No solo ejecutaba más cuádruples que nadie: los ejecutaba con una consistencia y una calidad técnica que los jueces recompensaban con altos GOEs. La combinación de valor base altísimo y GOEs excelentes le daba puntuaciones que sus rivales no podían alcanzar.
Al mismo tiempo, Chen era también un académico de alto rendimiento: fue admitido en la Universidad de Yale, donde estudió estadística y ciencia de datos, combinando su carrera universitaria con el patinaje competitivo de élite. Su gestión del tiempo y su disciplina académica se convirtieron en parte de su imagen pública.
Pekín 2022: la redención olímpica
Los Juegos de Pekín 2022 fueron la oportunidad de revancha cuatro años después de Pyeongchang. Esta vez, Chen llegó como el claro dominador de la disciplina y con cuatro años adicionales de madurez y experiencia.
Su programa corto en Pekín fue una actuación de referencia: música de Elton John (Rocketman), cuatro saltos perfectos, GOEs altísimos. Batió el récord mundial del programa corto y estableció una ventaja que sus rivales no pudieron reducir.
En el programa libre, ejecutó con precisión un programa de enorme dificultad técnica. Cuando se anunciaron los resultados, era campeón olímpico con 332,60 puntos totales, también récord mundial.
Nathan Chen, el chico que había caído cuatro años antes en Corea y había patinado el programa libre más difícil de la historia sin nada en juego, era el campeón olímpico más dominante del patinaje artístico masculino moderno.
El legado
Chen anunció su retirada del patinaje competitivo tras los Juegos de Pekín para concentrarse en sus estudios en Yale. Tenía 22 años. Su influencia en el patinaje artístico masculino es ya evidente: los patinadores de la siguiente generación se entrenan con programas de múltiples cuádruples como estándar, un cambio que Chen ayudó a establecer como la nueva normalidad del deporte.