En el mundo de la pelota vasca, los apodos no son solo una curiosidad: son la marca de identidad de los jugadores. Y el apodo “el Bueno” que distingue a este Retegi de los demás habla de algo más que de la calidad técnica: habla de un carácter, de una manera de estar en el frontón y en la vida que hizo que este pelotari fuera querido por la afición de una forma que va más allá de los resultados en el marcador.
El pelotari que llevaba el carácter en el apodo
Los apodos en la pelota vasca suelen referirse a la localidad de origen (Ataun en el caso de los Atano, Aia en el de Altuna), a una característica física o a un rasgo del juego. Que el apodo más recordado de este Retegi sea “el Bueno” es un indicador de que lo que más definía a este pelotari no era tanto el resultado de sus partidos como la manera en que los disputaba.
Su deportividad era auténtica y reconocida. No hacía trampas, no protestaba las decisiones del árbitro, trataba a sus rivales con respeto y al público con gratitud. En una época en que la frontera entre el juego duro y el juego sucio no siempre estaba clara, Retegi representaba el ideal del pelotari limpio: aquel que quiere ganar pero que entiende que la manera de ganar importa tanto como el resultado.
La calidad técnica: no solo bueno de carácter
Que el apodo se centrara en su carácter no debe hacer pensar que Retegi era un pelotari mediocre que compensaba su limitación técnica con la deportividad. Al contrario: era un pelotari de primer nivel, con una técnica sólida y una capacidad competitiva que le llevó a ganar títulos de Spain y a participar en los primeros campeonatos del mundo.
Su saque era reconocido como uno de los mejores de su generación: variado, con una capacidad para cambiar el ritmo y el ángulo que ponía en dificultades a los mejores rivales. Su juego de contracancha, especialmente, era muy valorado por los conocedores: llegaba a pelotas que otros dejaban ir y las devolvía con una potencia y un control que sorprendían.
Los grandes partidos de su época
Las décadas de 1960 y 1970 fueron el período de mayor actividad de Retegi el Bueno en el circuito profesional. Aquellos años estuvieron marcados por una serie de grandes pelotaris vascos y navarros que se enfrentaban en partidos que congregaban a miles de aficionados en los frontones más importantes.
Los partidos de Retegi contra otros grandes de su época son recordados todavía por los aficionados de más edad como algunos de los mejores de aquellos años: disputas largas, tantos de gran calidad técnica, y siempre con esa sensación de que los dos pelotaris estaban dando lo mejor de sí mismos con absoluta limpieza.
El recuerdo de Retegi el Bueno
Retegi el Bueno falleció en 2015, dejando un recuerdo muy cálido en el mundo pelotazal. Sus compañeros de generación lo recordaban como un pelotari excepcional y una persona excepcional: la combinación más difícil de encontrar en cualquier deporte de alta competición, donde la presión y la rivalidad pueden revelar lo peor de las personas.
Su legado no es solo el de los títulos ganados sino el del modelo de pelotari que representó: que se puede ser exigente, competitivo y ganador sin perder la elegancia ni el respeto a los demás. En un deporte que lleva siglos siendo parte de la identidad cultural vasca, ese modelo tiene un valor que trasciende los resultados del marcador.