El siglo XIX fue el período de mayor expansión y consolidación de la pelota valenciana como deporte organizado. Los cambios sociales, económicos y culturales que trajo consigo la industrialización de la Comunitat Valenciana crearon las condiciones para que la pilota pasara de ser un juego popular practicado en calles y plazas a convertirse en un espectáculo con trinquets construidos específicamente, pilotaris que vivían del juego y aficionados que seguían los grandes partidos con enorme pasión.
La industrialización y el tiempo libre
La industrialización del siglo XIX transformó la vida de los valencianos. En las ciudades y los municipios más industrializados, la clase trabajadora comenzó a disponer de tiempo libre de forma más regular, lo que impulsó el crecimiento de los espectáculos populares y el deporte. La pelota valenciana, con su carácter accesible y popular, fue uno de los principales beneficiarios de esta transformación social.
Los grandes partidos de pelota, que ya en épocas anteriores habían sido eventos de interés comunitario, se convirtieron en espectáculos que atraían a cientos o miles de espectadores en las ciudades más importantes. Valencia, Xàtiva, Gandia y otras ciudades vieron crecer el número de aficionados que acudían a los trinquets o que seguían los partidos en la calle.
La construcción de trinquets
Uno de los fenómenos más importantes del siglo XIX en la pelota valenciana fue la construcción sistemática de trinquets como instalaciones permanentes. Si anteriormente los trinquets eran espacios improvisados o modestos, el siglo XIX vio levantarse edificios específicamente diseñados para el juego, con sus llotjes, sus paredes de piedra y su arquitectura característica.
Muchos de los trinquets históricos que hoy forman parte del patrimonio valenciano fueron construidos en el siglo XIX: el Trinquet de Pelayo en Valencia, el de Gandia, el de Xàtiva. Estos edificios reflejan la importancia que el deporte había alcanzado en la vida cultural y social de la Comunitat.
Los primeros pilotaris profesionales
El crecimiento del público y de las apuestas creó las condiciones para la aparición de los primeros pilotaris profesionales. Los mejores jugadores de cada comarca podían vivir del juego gracias a los ingresos de las apuestas y a las invitaciones para participar en los grandes partidos. Este protoprofesionalismo tuvo sus propias reglas no escritas: los mejores pilotaris eran conocidos en toda la Comunitat y su reputación los precedía.
Los primeros nombres propios de la pelota valenciana moderna comienzan a aparecer en este período. Pilotaris de comarcas como la Ribera Alta, el Camp de Turia o la Safor que se convertían en figuras reconocidas más allá de su municipio de origen, celebridades locales cuyas actuaciones eran comentadas y recordadas durante años.
Las apuestas y la economía del juego
Las apuestas fueron el motor económico de la pelota valenciana del siglo XIX. En los grandes partidos, las apuestas entre espectadores podían ser de cantidades considerables, y los organizadores de los encuentros obtenían ingresos significativos de la gestión de los trinquets y de su participación en el sistema de apuestas. Este modelo económico tenía sus problemas —la opacidad, los posibles amaños— pero fue lo que permitió que el deporte creciera y que los mejores pilotaris pudieran dedicarse al juego de forma profesional.
La codificación de las reglas
A lo largo del siglo XIX, las reglas de la pelota valenciana fueron codificándose progresivamente. Si antes el juego se regía por tradición oral y acuerdos locales, el crecimiento del deporte hizo necesaria una mayor uniformidad en las reglas para permitir la competición entre jugadores de distintas comarcas. Esta codificación fue gradual y no siempre sistemática, pero sentó las bases del reglamento moderno que la federación establecería ya en el siglo XX.