Cuando alguien que no pesca descubre el catch & release —capturar un pez y devolverlo vivo al agua— su reacción más frecuente es la perplejidad: ¿para qué pescar si después sueltas el pez? Y la segunda reacción, a menudo, es la crítica: es cruel hacerle pasar ese estrés al animal si no vas a comértelo. Son objeciones razonables que merecen respuestas serias, porque el debate sobre la ética del catch & release es genuino y los argumentos más sólidos están del lado de la práctica cuando se hace correctamente.
La pregunta central: ¿sienten dolor los peces?
El corazón del debate sobre la ética del catch & release está en si los peces experimentan dolor de una manera moralmente relevante. Es una pregunta que la neurociencia no ha respondido de manera definitiva, y la honestidad intelectual exige reconocer la incertidumbre.
Lo que sí sabemos con certeza es que los peces tienen nociceptores: células nerviosas sensibles a estímulos potencialmente dañinos, similares a las que producen la sensación de dolor en los mamíferos. Cuando un pez es capturado con un anzuelo, sus nociceptores se activan y desencadenan respuestas fisiológicas medibles: aumento del cortisol (la hormona del estrés), aceleración del ritmo cardíaco, liberación de glucosa al torrente sanguíneo.
Pero tener respuestas fisiológicas al estrés no es lo mismo que experimentar sufrimiento subjetivo. El sufrimiento consciente requiere, según los neurocientíficos, un nivel de procesamiento cerebral que implica la corteza cerebral. Los peces tienen un cerebro muy diferente al de los mamíferos, sin una estructura equivalente a la corteza cerebral que se cree necesaria para la experiencia subjetiva del dolor en su dimensión emocional.
El estudio más citado en este debate es el de Victoria Braithwaite (Universidad de Pensilvania), quien investigó durante años la neurología del dolor en peces y concluyó que los peces sí responden al dolor de manera que sugiere una experiencia subjetiva básica, aunque diferente de la humana. Sin embargo, incluso Braithwaite reconoció que la intensidad y duración de esa experiencia probablemente es muy diferente a la de los mamíferos, y que las condiciones concretas de la captura y liberación importan enormemente.
Los datos de supervivencia
El segundo argumento contra el catch & release —que los peces mueren de todos modos poco después de ser devueltos— está claramente refutado por la ciencia cuando la técnica se aplica correctamente.
Los estudios de telemetría (seguimiento de peces con marcadores electrónicos después de su liberación) muestran datos muy positivos. En black bass, una revisión de múltiples estudios publicada en el North American Journal of Fisheries Management encontró tasas de supervivencia del 94-98% cuando se usaban anzuelos sin muerte, el tiempo fuera del agua era inferior a 30 segundos y la temperatura del agua estaba en rango normal. En trucha, los estudios en ríos de competición muestran supervivencias similares o superiores.
Los factores que aumentan la mortalidad post-liberación son bien conocidos:
- Temperatura del agua elevada (por encima de 20°C para la trucha, el estrés fisiológico aumenta exponencialmente).
- Tiempo excesivo fuera del agua (cada 10 segundos adicionales incrementa el riesgo).
- Uso de anzuelos con muerte que se tragan profundamente (principal causa de mortalidad por hemorragia interna).
- Manipulación brusca que daña la capa de mucosa protectora del pez.
- Devolución en agua poco oxigenada o estancada.
El argumento del ciclo natural
Algunos críticos del catch & release argumentan que, aunque el pez sobreviva inmediatamente tras la liberación, el estrés acumulado lo debilita y lo hace más vulnerable a sus depredadores naturales. Este argumento tiene algo de verdad: un pez recién capturado y liberado con niveles elevados de cortisol es durante un tiempo más lento y menos alerta. Pero los estudios de telemetría muestran que esta ventana de vulnerabilidad dura menos de una hora en la mayoría de casos, después de la cual el pez recupera su comportamiento y reflejos normales.
La alternativa: ¿matar es más ético?
El argumento de que sería más ético pescar para comer (y matar al pez) que pescar para devolver merece una respuesta directa. La premisa asume que la única justificación ética para capturar un animal es su consumo alimentario. Pero esta premisa lleva a conclusiones absurdas: ¿es cruel montar a caballo si no te comes al caballo? ¿Es cruel adiestrar a un perro si no te proporciona beneficio económico directo?
El pescador deportivo no necesita consumir lo que captura para justificar éticamente su actividad, del mismo modo que el senderista no necesita aplastar los setos que toca para justificar su contacto con la naturaleza. El reto técnico, la conexión con el medio natural, la meditación activa y el respeto por el animal capturado son valores legítimos en sí mismos.
Además, la alternativa de pescar para comer implica la muerte del pez en todos los casos, sin vuelta atrás. El catch & release bien practicado implica un estrés mínimo y momentáneo seguido de la liberación y la recuperación del animal. Si el objetivo es minimizar el daño al pez individual, el catch & release correcto es claramente superior a la pesca extractiva.
La sostenibilidad como argumento definitivo
Más allá del debate ético individual, el catch & release tiene un argumento práctico y colectivo imbatible: sin catch & release, la pesca deportiva sería insostenible. Las competiciones reúnen a decenas de pescadores en el mismo tramo de río. Si cada competidor se llevara sus capturas, en pocas horas no quedarían peces. La práctica del catch & release es lo que permite que el mismo río pueda ser pescado semana tras semana, año tras año, por miles de personas que disfrutan del deporte sin agotar el recurso que lo hace posible.