El piragüismo —en sus modalidades de kayak y canoa en aguas tranquilas— combina potencia explosiva en las series de velocidad con resistencia aeróbica en las pruebas de fondo. La palada genera una cadena de movimiento que implica a los pies, las piernas, el tronco y los brazos, pero es la zona lumbar y el hombro las que acumulan mayor carga por la repetición del ciclo de palada a lo largo de la temporada. Conocer las lesiones más frecuentes y sus factores de riesgo permite trabajar con más inteligencia y alargar la carrera deportiva. Esta guía tiene carácter divulgativo; ante cualquier lesión o dolor persistente, acude a un profesional de la salud.
Lesiones más frecuentes
Síndrome de impingement subacromial. Es la lesión de hombro más frecuente en piragüismo. El brazo que empuja eleva el húmero, comprimiendo los tendones del manguito rotador —especialmente el supraespinoso— contra el acromion. El dolor aparece en la cara anterior o lateral del hombro al elevar el brazo y puede irradiarse hacia el cuello o el codo.
Tendinitis de los rotadores del hombro. La inflamación repetitiva de los tendones del manguito rotador genera dolor crónico que empeora durante y después de las sesiones intensas. Sin un programa de fortalecimiento específico, la tendinitis puede evolucionar a rotura parcial o total del supraespinoso.
Tenosinovitis de De Quervain. La repetición del movimiento de giro de muñeca en la palada irrita los tendones del abductor largo y el extensor corto del pulgar a su paso por el primer compartimento extensor. Se manifiesta como dolor en la cara radial de la muñeca que se agrava al girar el antebrazo o al apretar el remo.
Dolor lumbar por sobrecarga. La rotación de tronco asimétrica —más acusada en la modalidad de canoa, donde la palada se realiza solo a un lado— genera una sobrecarga muscular y discal en la región lumbar. Las contracturas musculares, las protrusiones discales y la disfunción sacroilíaca son consecuencias habituales en piragüistas que entrenan con alto volumen.
Epicondilitis lateral (codo de tenista). El agarre del remo y los movimientos de flexoextensión de muñeca sobrecargan los músculos extensores del antebrazo en su inserción en el epicóndilo lateral. El dolor en la cara externa del codo al apretar o girar el antebrazo es el síntoma principal.
Factores de riesgo
El volumen excesivo de paladas sin la progresión adecuada es el factor de riesgo más determinante. El ángulo de la pala —demasiado cerrado o demasiado abierto— condiciona la cantidad de carga que recibe el hombro en cada ciclo. La debilidad relativa del manguito rotador respecto a los músculos deltoides y trapecio crea un desequilibrio que favorece el impingement.
La falta de calentamiento de la musculatura del hombro y de la cadena posterior antes de las sesiones de trabajo intenso, y el remo con baja temperatura del agua —que aumenta la rigidez muscular y articular— son factores adicionales a tener en cuenta.
Cómo prevenirlas
El fortalecimiento específico del manguito rotador —rotaciones externas e internas con banda elástica, trabajo en apoyo unilateral— es la medida preventiva más importante para el hombro. Complementar con ejercicios de control escapular garantiza que la escápula se posicione correctamente durante la elevación del brazo.
La revisión técnica periódica con el entrenador permite detectar compensaciones posturales que sobrecargan la columna o el hombro. Ajustar la empuñadura del remo y, en kayak, el ángulo de la pala, puede reducir significativamente la carga sobre la muñeca. Los estiramientos de la cadena posterior del hombro y de los flexores del tronco al finalizar cada sesión son sencillos y eficaces.
Recuperación
El impingement subacromial en fase aguda se trata con reposo del hombro, antiinflamatorios y fisioterapia orientada a la estabilización dinámica del hombro. La vuelta al remo debe ser gradual, empezando por series cortas con técnica revisada. La tendinitis del manguito rotador responde a protocolos de carga excéntrica de ocho a doce semanas; las roturas parciales pueden requerir infiltración con plasma rico en plaquetas o intervención artroscópica en casos refractarios.
La tenosinovitis de De Quervain se trata con férula de reposo, antiinflamatorios y, si no hay respuesta, infiltración local de corticoide. La epicondilitis lateral mejora con fisioterapia excéntrica, reducción del volumen de agarre y, en casos crónicos, técnicas de ondas de choque. El dolor lumbar muscular responde bien al calor, la fisioterapia y la corrección técnica; los cuadros discales requieren un abordaje más prolongado y revisión del gesto deportivo.