En el descanso de cualquier partido de polo de cierto nivel, ocurre algo que no tiene equivalente en ningún otro deporte del mundo: miles de espectadores —con sus mejores trajes y tacones incluidos— salen al campo, se distribuyen por el terreno de juego y empiezan a pisar con cuidado los terrones de hierba levantados por los cascos de los caballos. Es el divot stomping, y es tan serio como divertido.
El origen práctico
Los caballos de polo pesan entre 450 y 550 kilogramos, y durante un partido de alta intensidad sus cascos golpean el terreno cientos de veces a plena velocidad, en arranques y frenadas bruscas. El resultado es un campo sembrado de divots: terrones de hierba y tierra que quedan sueltos o arrancados del suelo, dejando la superficie irregular.
Un campo con muchos divots no reparados es más difícil para jugar —la pelota bota de forma impredecible— y más peligroso para los caballos, que pueden tropezar o lesionarse al pisar un hueco inesperado. Reparar el campo es una necesidad real.
La solución social
En los primeros tiempos del polo británico, cuando el campo necesitaba ser reparado durante el descanso, los mozos y el personal del club lo hacían. Pero en algún momento alguien tuvo la idea de invitar a los propios espectadores a ayudar, y el resultado fue una de las tradiciones más queridas del polo.
El proceso es sencillo: en el descanso, el público sale al campo y, caminando por la hierba, va pisando los terrones de vuelta a su lugar. No requiere ninguna habilidad especial —solo la atención de mirar al suelo y colocar el pie sobre cada divot para reintegrarlo en el terreno. La combinación de decenas o cientos de personas haciendo esto durante 15 minutos puede dejar el campo en un estado notablemente mejor para la segunda mitad.
La dimensión social
Lo que comenzó como una solución práctica se convirtió con el tiempo en un ritual social propio. En los grandes torneos —el Abierto Argentino, la Copa de la Reina en Windsor, el Guards Polo Club en Berkshire— el descanso y el pisado del césped son parte inseparable de la experiencia del partido.
Los asistentes a un partido de polo de élite van habitualmente muy elegantes: el código de vestimenta es formal en las gradas, y las mujeres suelen llevar vestidos y sombreros. Ver a todo ese público caminando por el campo pisando terrones es una imagen visualmente fascinante, que mezcla lo aristocrático y lo práctico de una forma que solo el polo puede producir.
El divot stomping en el mundo
La tradición del pisado del césped se practica hoy en todos los torneos de polo importantes del mundo, independientemente del país. Desde el Abierto de Palermo en Buenos Aires hasta los torneos de Florida, desde el Guards Polo Club en Windsor hasta los partidos en Dubái, el descanso siempre incluye la salida del público al campo.
Es una de las pocas tradiciones deportivas que implican una interacción directa del público con el terreno de juego, algo completamente inimaginable en el fútbol, el tenis o el golf. Y esa peculiaridad es precisamente lo que la hace tan memorable para quienes asisten a un partido de polo por primera vez.