Hay jugadores de polo mejores que Nacho Figueras —él mismo lo reconocería sin dudar— pero ninguno ha hecho más por llevar el polo fuera de sus circuitos tradicionales. Jugador profesional de hándicap 6, modelo de Ralph Lauren, presencia habitual en las revistas más leídas del mundo y en los eventos sociales más exclusivos del planeta, Figueras ha convertido el polo en algo que va mucho más allá del deporte.
Los orígenes en las pampas argentinas
Ignacio Figueras nació el 16 de noviembre de 1977 en Buenos Aires. Su familia tenía caballos y él aprendió a montar en la estancia familiar desde muy pequeño. El polo llegó pronto, con la naturalidad con que llega en las familias argentinas con conexión con el campo y los caballos.
Su talento era evidente desde joven, y su carrera competitiva progresó de forma sólida: alcanzó el hándicap 6, un nivel que lo sitúa en la categoría de los jugadores profesionales de alto nivel, aunque muy por debajo de los +10 de Cambiaso o los Pieres. Pero en el polo, el hándicap 6 es ya el de un profesional serio que compite en los mejores torneos del mundo.
El encuentro con Ralph Lauren
A finales de los años 90, el equipo de Ralph Lauren —cuya marca Polo tiene el deporte como ADN de su identidad— estaba buscando un jugador de polo que pudiera ser también la cara de la marca. Querían alguien que fuera un jugador real, no un modelo disfrazado de jugador, pero que también tuviera el físico y el carisma para las campañas publicitarias.
En Nacho Figueras encontraron exactamente lo que buscaban. La relación que comenzó entonces lleva más de dos décadas vigente y ha sido mutuamente beneficiosa: Ralph Lauren ha tenido un embajador perfectamente alineado con sus valores de sport y elegancia, y Figueras ha tenido una plataforma global que ha multiplicado su visibilidad de una forma que ningún jugador de polo había conseguido antes.
El polo llevado al gran público
La contribución más importante de Nacho Figueras al polo no es deportiva: es la de haber acercado el deporte a audiencias que jamás habrían seguido un torneo de Palermo o de Cowdray. Sus apariciones en revistas como Vogue, Town & Country, GQ o People han dado al polo una visibilidad en el mercado de masas que su naturaleza de deporte de élite dificultaba enormemente.
Sus redes sociales —con millones de seguidores— tienen un contenido en el que el polo comparte protagonismo con su familia (está casado con Delfina Blaquier y tienen cuatro hijos, todos involucrados en el polo), con causas humanitarias que apoya activamente y con su vida cotidiana en las estancias argentinas. Figueras ha humanizado el polo, mostrando que detrás del glamour hay trabajo, entrenamiento diario y una conexión genuina con los caballos y la naturaleza.
Competición real, no solo imagen
Sería injusto reducir a Nacho Figueras a su imagen. El argentino compite regularmente en los circuitos de polo de Florida, Argentina y Gran Bretaña, y su hándicap 6 lo sostiene en el tiempo con el trabajo continuo. Ha ganado torneos relevantes y juega con equipos de alto nivel.
Su equipo Black Watch ha competido en el US Open y en torneos de medio y alto hándicap en los circuitos americano y europeo. La calidad de los caballos y la seriedad del entrenamiento en el entorno de Figueras son las de un profesional genuino, no las de un aficionado con presupuesto.
El legado del embajador
Nacho Figueras ha demostrado que el polo puede ser un deporte con visibilidad masiva sin perder su esencia. Su trabajo como embajador ha atraído al polo a patrocinadores, audiencias y aficionados que de otro modo jamás habrían prestado atención al deporte. En un deporte con la imagen cerrada y exclusiva que históricamente ha tenido el polo, Figueras ha abierto una ventana al mundo que ha beneficiado al conjunto del deporte.