El polo del siglo XXI es un deporte muy diferente al que conocieron los jinetes persas o los oficiales victorianos. La profesionalización, los grandes patrocinios, las variantes de nieve e interior, y la globalización han transformado el polo en un producto de entretenimiento de élite con audiencias internacionales y una imagen de marca cuidadísima.
La profesionalización de los años 80 y 90
Aunque el polo siempre ha tenido jugadores excepcionales, la profesionalización sistemática del deporte comenzó a acelerarse en los años 80. El modelo que emergió fue el del patrón: un hombre de negocios rico que financia todo el equipo —caballos, desplazamientos, mantenimiento— a cambio de jugar en el mismo equipo que los mejores profesionales del mundo.
Este modelo, que sigue siendo dominante en el polo de alto nivel, creó un ecosistema peculiar: los mejores jugadores del mundo (casi todos argentinos) son contratados por equipos cuyos dueños son millonarios de distintas nacionalidades. El patrón puede ser un empresario suizo, un príncipe árabe o un magnate británico; los jugadores que le acompañan en el campo son los mejores del mundo.
Para los jugadores argentinos de élite, este sistema supone ser contratados por múltiples equipos en distintos países y temporadas, lo que convierte el polo en su profesión principal con ingresos muy elevados.
El snow polo: polo sobre la nieve
En 1985, el Snow Polo World Cup de St. Moritz (Suiza) inauguró una nueva era del polo invernal. El concepto era simple pero atrevido: llevar el polo a uno de los escenarios más lujosos y mediáticos del mundo —la estación de esquí suiza favorita de la jet set europea— y adaptarlo a las condiciones del invierno alpino.
El snow polo tiene varias diferencias respecto al polo de hierba:
- El campo es más pequeño: unos 80 por 120 metros sobre nieve compactada
- Los caballos llevan herraduras especiales con puntas para no resbalar
- La pelota es más grande y de colores vivos para ser visible sobre la nieve
- Los equipos son de 3 jugadores
- Las reglas generales son las mismas, pero la nieve cambia completamente la dinámica del juego
El Snow Polo World Cup de St. Moritz se ha celebrado ininterrumpidamente desde 1985 y ha sido imitado por docenas de torneos similares en estaciones de esquí de todo el mundo: Verbier, Kitzbuehel, Aspen, Megève. El polo sobre nieve ha añadido un glamour adicional al deporte y ha atraído un público nuevo.
El arena polo: polo en interior
El arena polo es otra variante que permite jugar en recintos cubiertos durante todo el año, independientemente del clima. El campo es mucho más reducido (generalmente 50 por 100 metros), los equipos son de tres jugadores, la pelota es más grande y blanda, y las paredes del recinto forman parte del juego (la pelota puede rebotar en ellas y continúa en juego).
El arena polo es más rápido, más físico y con más goles que el polo de hierba. Se ha popularizado enormemente en países como Estados Unidos, donde las condiciones climáticas hacen difícil jugar en exteriores durante buena parte del año. El US Open Arena Polo Championship es el torneo más prestigioso de esta modalidad.
La globalización del polo en el siglo XXI
El siglo XXI ha visto el polo expandirse a mercados completamente nuevos. Dubái, Shanghai, Mumbai y São Paulo han construido infraestructuras de polo de alta calidad. Los jeques árabes, en especial del Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, han invertido cantidades enormes en equipos y caballos, convirtiéndose en actores relevantes del polo de alto hándicap.
Figuras como Nacho Figueras —el jugador argentino convertido en embajador global del polo gracias a su trabajo con Ralph Lauren y su presencia en medios internacionales— han contribuido a modernizar la imagen del deporte y atraer patrocinadores y seguidores de un perfil más joven y urbano.
Los grandes patrocinadores del polo moderno incluyen marcas de lujo como Cartier (cuyo nombre está unido a la Copa de la Reina en el Guards Polo Club), Rolex, Porsche, HSBC y Audi. Esta asociación con el lujo es tanto una fortaleza del polo —que le proporciona financiación— como un límite para su democratización.