El polo llegó a España por dos vías simultáneas y complementarias: la militar y la aristocrática. Esta doble entrada —el Ejército y la nobleza— marcó desde el principio el carácter del polo español y determinó su desarrollo durante el siglo XX. La historia culmina en Sotogrande, uno de los lugares donde hoy se juega el mejor polo del mundo fuera de Argentina.
Los orígenes: el Ejército y la aristocracia
El polo llegó a España siguiendo el mismo camino que en la mayor parte de Europa: a través del contacto con el Imperio Británico y sus instituciones militares. El Ejército español —y especialmente los regimientos de caballería— fue uno de los primeros en adoptar el polo a finales del siglo XIX como complemento del entrenamiento ecuestre de sus oficiales.
La Guardia Civil, con su tradicional relación con el caballo y su cultura ecuestre, fue una de las instituciones que más tempranamente practicó el polo en España. Los oficiales de caballería y de la Guardia Civil encontraban en el polo una actividad que aprovechaba sus destrezas ecuestres y les ponía en contacto con otros cuerpos militares europeos que también practicaban el deporte.
Al mismo tiempo, la aristocracia española con conexiones británicas comenzó a practicar el polo. El rey Alfonso XIII, gran aficionado a los deportes —el automóvil, el fútbol, el tenis, el polo—, fue un impulsor activo del juego en los círculos de la élite madrileña de principios del siglo XX. Su participación en partidos de polo y su apoyo a la organización del deporte contribuyeron a dar al polo el estatus de deporte regio que reforzó su atractivo para la nobleza española.
La primera organización del polo español
Durante las primeras décadas del siglo XX, el polo en España se organizó en torno a los clubs de los grandes centros urbanos —principalmente Madrid— y a los regimientos militares. Las instalaciones eran modestas comparadas con los grandes clubs de Argentina o el Reino Unido, pero el polo español tenía una base institucional estable.
La Real Asociación de Polo de España fue el organismo que vertebró el polo federado en el país, estableciendo las reglas de los torneos, la clasificación de los jugadores por handicap y la representación ante la Federación de Polo Internacional (FIP). El sistema de handicap del polo —que va de -2 para los principiantes a +10 para los mejores jugadores del mundo, los de nivel argentino— permite que equipos de distinto nivel compitan entre sí con correcciones de goles.
El polo en el período de Franco: continuidad discreta
Durante el franquismo (1939-1975), el polo continuó como deporte de élite con un perfil deliberadamente discreto. El régimen no era contrario al polo —era el deporte de la aristocracia y de ciertos sectores del Ejército con los que el régimen tenía buenas relaciones—, pero tampoco lo promovió activamente como deporte popular.
El polo seguía practicándose en los clubs de Madrid y en algunas propiedades rurales de la nobleza andaluza, pero su carácter de pasatiempo de élite le mantuvo alejado de cualquier pretensión de masificación. Los mejores jugadores españoles del período tenían contactos con los circuitos internacionales, pero el polo español en su conjunto no tenía proyección exterior significativa.
Sotogrande: el polo español al máximo nivel
La historia moderna del polo en España está indisolublemente ligada a Sotogrande (San Roque, Cádiz), la urbanización de lujo desarrollada en los años 60 en la Costa del Sol occidental, a pocos kilómetros de Gibraltar. La fundación del Santa María Polo Club en 1965 marcó el inicio de lo que se convertiría en uno de los grandes centros mundiales del polo.
El modelo de Sotogrande era diferente al de los clubs de polo tradicionales. No era un club de ciudad con sus socios habituales, sino una instalación vinculada a una urbanización de alto standing que atraía a propietarios de fincas de lujo, empresarios internacionales y miembros de la nobleza europea con vocación por el polo. Esta mezcla de polo de alto nivel y resort de lujo fue la fórmula que hizo de Sotogrande un destino único.
A lo largo de los años 70 y 80, la concentración de campos de polo de primera categoría —el Santa María Polo Club llegó a tener varios campos de competición, algunos entre los mejores del mundo—, la celebración de torneos internacionales de alto handicap y la presencia de los mejores equipos argentinos durante la temporada europea (de mayo a septiembre) convirtieron a Sotogrande en una referencia mundial del polo.
El polo en Jerez, Madrid y otras regiones
Más allá de Sotogrande, el polo en España tiene presencia en otras regiones. Jerez de la Frontera (Cádiz), con su profunda tradición ecuestre vinculada a la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre y a la cría del caballo andaluz, ha sido otro de los centros del polo español, aunque de menor nivel internacional que Sotogrande.
En Madrid, el polo tiene clubs activos que ofrecen clases, torneos de nivel medio y una comunidad de aficionados que practica el deporte de forma regular. El entorno de la Sierra de Madrid y las fincas de la meseta castellana han acogido también instalaciones de polo privadas vinculadas a grandes propiedades.
La Federación Española de Polo coordina la actividad en todo el territorio y organiza el Campeonato de España, que reúne a los mejores equipos del circuito nacional.