Cuando los no iniciados piensan en los deportes de raqueta más veloces, suelen imaginar el tenis o el bádminton. Pero la pelota de raquetbol, en un espacio cerrado y con jugadores que golpean sin restricciones de altura, puede alcanzar velocidades que sorprenden incluso a deportistas de otros disciplinas. Un drive serve ejecutado por un jugador profesional puede propulsar la pelota a más de 200 km/h, y los intercambios de golpes potentes en los rincones pueden superar los 240 km/h en los registros más extremos.
Para poner estas cifras en contexto: la pelota de squash raramente supera los 170 km/h incluso en los golpes más potentes del circuito PSA, porque la pelota de goma hueca del squash está diseñada para tener un rebote limitado. En bádminton, el volante puede superar los 400 km/h en un smash, pero su masa es tan pequeña (5 gramos) que la energía cinética real es mucho menor. La pelota de raquetbol, con 57 gramos de masa sólida y velocidades de más de 200 km/h, combina velocidad y masa de una forma que la hace especialmente exigente para el sistema nervioso del defensor.
El tiempo de reacción en la pista
La velocidad de la pelota tiene consecuencias directas en las exigencias cognitivas y físicas del raquetbol. En una pista de 12,2 metros de largo, una pelota a 200 km/h tarda aproximadamente 0,22 segundos en cruzar toda la pista. El tiempo de reacción humano promedio es de 0,2 segundos solo para reconocer el estímulo, sin contar el tiempo de desplazamiento. Esto significa que los jugadores de raquetbol deben anticipar la trayectoria de la pelota antes de que esta abandone la raqueta del rival.
La seguridad como consecuencia de la velocidad
Esta velocidad es precisamente la razón por la que el uso de gafas protectoras es obligatorio en casi todas las competiciones de raquetbol organizadas. Un impacto de pelota en el ojo a estas velocidades puede causar lesiones muy graves. Las gafas de raquetbol están diseñadas específicamente para este deporte, con materiales resistentes a impactos y diseño que garantiza visibilidad periférica sin comprometer la protección.