Las Black Ferns Sevens: una máquina de ganar
Las Black Ferns Sevens son el equipo de rugby a 7 femenino más exitoso de la historia del circuito mundial. Desde la creación del HSBC World Rugby Women’s Sevens Series en 2012-13, Nueva Zelanda ha sido consistentemente el equipo a batir: múltiples títulos del circuito, presencia permanente en las finales de cada torneo y el oro olímpico de Tokio 2020 como coronación de una era de dominio.
El éxito de las Black Ferns Sevens no es accidental. Nueva Zelanda invirtió en su programa de sevens femenino mucho antes de que la modalidad se convirtiera en olímpica, desarrollando un sistema de selección, entrenamiento y competición que ha producido una generación de jugadoras de nivel mundial. La profesionalización de las jugadoras con contratos nacionales, la contratación de entrenadores especializados en sevens y el acceso a instalaciones de primer nivel han sido la base de ese éxito.
Tokio 2020: la final perfecta
El torneo olímpico de rugby a 7 femenino en Tokio 2020 fue uno de los eventos más seguidos de aquellos Juegos. Las Black Ferns Sevens llegaron a Tokio como favoritas, habiendo dominado el circuito mundial en los años previos a la pandemia, y no decepcionaron.
La final enfrentó a Nueva Zelanda con Francia. El equipo francés, que venía demostrando un nivel extraordinario en los años anteriores y era uno de los equipos más en forma del torneo, fue el rival que más problemas pudo crearle a Nueva Zelanda. Sin embargo, las Black Ferns Sevens demostraron su superioridad en los momentos decisivos y se llevaron el oro con una victoria que cerró una actuación brillante en todo el torneo.
Portia Woodman fue la figura del torneo. La ala neozelandesa marcó tries cruciales, desbordó a las defensas rivales con su velocidad y confirmó que es la mejor jugadora de sevens del mundo en su generación. Sus tries en la fase eliminatoria, especialmente en semifinales y la final, son de los momentos más destacados del rugby olímpico femenino.
El papel de Portia Woodman en la historia del sevens femenino
Portia Woodman merece un capítulo especial en cualquier análisis del rugby a 7 femenino. Nacida en 1994, comenzó a jugar al sevens siendo muy joven y pronto quedó claro que tenía capacidades excepcionales. Su velocidad —cronometrada en valores cercanos a los de los mejores alas masculinos del circuito— combinada con su potencia física y su habilidad para no perder el balón en el contacto la hacen extraordinariamente difícil de defender.
Lo que distingue a Woodman de otros jugadores muy rápidos es que no necesita el balón en espacio completamente abierto para ser peligrosa. Puede romper la primera línea defensiva en espacios estrechos, esquivar placajes que parecen inevitables y continuar después del contacto de una manera que pocos jugadores de sevens, masculinos o femeninos, pueden igualar.
Su récord en el circuito mundial de tries marcados la coloca entre las máximas anotadoras de la historia del sevens femenino, y su palmarés olímpico la sitúa en el olimpo del deporte. El oro de Tokio fue la confirmación de que ya era una leyenda del rugby a 7.
El rugby a 7 femenino como modelo de crecimiento
La historia del rugby a 7 femenino es una de las historias de crecimiento más rápido en el deporte femenino contemporáneo. En menos de 15 años, la modalidad pasó de ser prácticamente invisible (sin circuito oficial, sin cobertura televisiva, sin recursos institucionales) a ser un deporte olímpico seguido por millones de personas en todo el mundo.
El oro de Nueva Zelanda en Tokio tuvo un impacto que va más allá del resultado deportivo. En decenas de países, jóvenes que vieron a Portia Woodman y sus compañeras en la televisión decidieron acercarse al rugby por primera vez. Federaciones que nunca habían tenido programa femenino de sevens lo pusieron en marcha. El efecto del éxito olímpico en el crecimiento de la base de practicantes es difícil de cuantificar pero indudablemente real.
El rugby a 7 femenino sigue creciendo. Los torneos del Women’s Sevens Series tienen cada vez más calidad y competitividad. Nuevas selecciones emergen y desafían la hegemonía de Nueva Zelanda, Australia y Francia. La historia de Portia Woodman y las Black Ferns Sevens es el capítulo más brillante de esa historia de crecimiento, pero no será el último.