La mejor del mundo: sin discusión
En el rugby a 7 femenino, Portia Woodman es lo que Jonah Lomu fue para el rugby a 15 masculino en los años 90: un jugador que redefine lo que es posible en el deporte, que supera los límites de lo que los defensores pueden hacer para detenerlo. La comparación es ambiciosa, pero la reacción que generan ambos jugadores en los defensores rivales —esa combinación de respeto, miedo y rendición ante algo que supera sus posibilidades— es sorprendentemente similar.
Portia Woodman nació el 5 de agosto de 1994 en Auckland, Nueva Zelanda. Creció en la cultura rugbística neozelandesa, donde el rugby femenino tiene una tradición significativa gracias a las legendarias Black Ferns. Desde muy joven mostró un talento excepcional que la diferenció claramente de sus compañeras de generación.
La combinación perfecta: velocidad y potencia
Lo que hace a Portia Woodman extraordinaria no es una sola cualidad sino la combinación de varias que raramente aparecen juntas en el mismo cuerpo. Su velocidad es de sprinter de primer nivel: puede cubrir el campo con una rapidez que deja atrás a la mayoría de defensoras. Su potencia física la hace difícil de sacar de campo incluso cuando las defensoras consiguen alcanzarla. Su habilidad técnica —la calidad del pase, el apoyo del balón en zona de marca, el manejo en el contacto— está al nivel de las mejores jugadoras del mundo.
Esta combinación produce una jugadora que no necesita que la defensa cometa un error para ser peligrosa. Cuando recibe el balón en espacio abierto, puede ganar a la defensa con la velocidad. Cuando el espacio es más reducido, puede mantener el balón en el contacto y continuar hacia la zona de marca. Cuando la defensa se organiza para detenerla, crea espacio para sus compañeras.
En el rugby a 7, donde el espacio es abundante y las defensoras deben cubrir mucho campo de forma individual, Woodman es aterradoramente difícil de defender.
El oro de Tokio: el momento definitorio
El torneo olímpico de rugby a 7 femenino en Tokio 2020 fue la culminación de la carrera de Portia Woodman hasta ese momento. Las Black Ferns Sevens llegaron a los Juegos como favoritas, y Woodman fue el punto focal del equipo a lo largo de todo el torneo.
La final contra Francia fue el escenario donde Woodman confirmó su estatus como la mejor jugadora del mundo. Sus tries en el partido decisivo, marcados con la claridad y la precisión que caracterizan a los mejores en los momentos más importantes, fueron la diferencia entre ambos equipos. Nueva Zelanda ganó el oro con Woodman como indiscutible figura del torneo.
Las imágenes de Woodman celebrando el oro olímpico —con sus compañeras, con la medalla dorada, con la bandera neozelandesa— dieron la vuelta al mundo y pusieron cara al rugby a 7 femenino para millones de espectadores que descubrieron el deporte a través de los Juegos.
El circuito mundial: una dominación histórica
Más allá del oro olímpico, el palmarés de Portia Woodman en el circuito mundial de rugby a 7 femenino es extraordinario. Es la máxima anotadora de la historia del HSBC World Rugby Women’s Sevens Series, con más de 300 tries acumulados en una carrera que se extiende desde aproximadamente 2013.
Esa cantidad de tries a lo largo de más de una década en el circuito refleja no solo el talento sino la longevidad y la consistencia que caracterizan a los grandes. Woodman ha seguido siendo una de las mejores jugadoras del circuito año tras año, adaptándose a los cambios tácticos del juego, a la mejora del nivel general del sevens femenino y a las exigencias físicas de una carrera de alto rendimiento.
Las Black Ferns: entre el 7 y el 15
Una de las particularidades de la carrera de Portia Woodman es que ha competido al más alto nivel en ambas modalidades del rugby femenino. Las Black Ferns —el equipo de rugby a 15— es el programa más exitoso del rugby femenino mundial, con múltiples títulos de Copa del Mundo, y Woodman ha sido parte de ese equipo además de las Black Ferns Sevens.
Esta doble participación en las dos modalidades del rugby femenino de élite habla de una versatilidad y una capacidad física excepcionales. Las exigencias del rugby a 15 y del rugby a 7 son diferentes, y muy pocas jugadoras en el mundo pueden mantenerse al máximo nivel en ambas modalidades de forma simultánea. Woodman es una de ellas.
Su legado en el rugby a 7 femenino está ya asegurado como la mejor jugadora de su generación y posiblemente de la historia de la modalidad. Lo que venga en el resto de su carrera añadirá capítulos a una historia que ya es extraordinaria.