Hay momentos deportivos que trascienden el marcador. El 11 de agosto de 2016, en el Estadio de Deodoro de Río de Janeiro, sucedió uno de esos momentos: la selección de Fiji derrotó a Gran Bretaña por 43-7 en la final olímpica del primer torneo de rugby a 7 en la historia de los Juegos Olímpicos y ganó la primera medalla olímpica de cualquier tipo en la historia del país. Las imágenes de los jugadores fijianos llorando sobre el campo con la medalla de oro, cantando himnos tradicionales y abrazándose, dieron la vuelta al mundo.
El rugby a 7 llega a los Juegos
El rugby a 7 fue incluido en el programa olímpico para los Juegos de Río 2016, después de décadas de debate y de un proceso de reconocimiento por parte del Comité Olímpico Internacional que comenzó con la inclusión del rugby de 7 en el programa del año 2009.
El debut olímpico de la disciplina en Río generó una expectación enorme entre los aficionados al rugby en todo el mundo. El formato de 7 jugadores es más rápido, más abierto y más espectacular que el rugby de 15, lo que lo hace ideal para una audiencia que descubre el deporte por primera vez a través de la cobertura olímpica. Y Fiji, el país que más había dominado el circuito de World Rugby Sevens Series en los años anteriores, llegó a Río como el gran favorito.
La campaña olímpica de Fiji
La selección de Fiji llegó a Río con un equipo construido sobre los mejores jugadores del circuito internacional y una preparación específica para el torneo olímpico. Entrenados por el neozelandés Ben Ryan —que había transformado a Fiji en la potencia dominante del rugby a 7 mundial en los años previos— los jugadores fijianos tenían claro que Río era el torneo de su vida.
La campaña olímpica de Fiji fue dominante desde la primera fase. Los fijianos ganaron todos sus partidos de la fase de grupos con autoridad, demostrando una superioridad técnica y física que dejaba pocas dudas sobre sus aspiraciones. En los cruces de cuartos y semifinales siguieron siendo imparables: velocidad en los apoyos, habilidad individual para burlar defensas y una eficiencia defensiva que sus rivales no podían superar.
La final: 43-7 a Gran Bretaña
La final contra Gran Bretaña fue el partido más esperado del torneo. Gran Bretaña, con jugadores de primer nivel del circuito europeo e internacional, representaba el único equipo capaz de plantar cara a los fijianos en el partido más importante.
Lo que sucedió en el campo fue histórico: Fiji fue mejor en cada faceta del juego. Sus velocistas encontraron espacios que la defensa británica no pudo cerrar; sus pasadas rápidas desconcertaron a la línea defensiva; sus tackles fueron duros y precisos. El marcador final de 43-7 no reflejó un partido igualado: reflejó una superioridad que nadie en el mundo del rugby se atrevió a cuestionar ese día.
Las lágrimas y el himno
Las escenas después del pitido final son las que quedaron grabadas en la memoria colectiva del rugby mundial. Los jugadores fijianos —muchos de ellos venidos de pueblos pequeños de las islas, criados en condiciones modestas con el rugby como único camino al mundo— lloraron abiertamente sobre el campo, abrazados. Se sentaron en círculo y cantaron un himno tradicional fijiano como señal de celebración y de gratitud.
Ben Ryan, el entrenador neozelandés, renunció al cargo después del oro y se quedó a vivir en Fiji como reconocimiento a la acogida que el país le había dado.
El legado de Río 2016
El oro olímpico de Fiji en Río 2016 confirmó lo que los aficionados al rugby a 7 ya sabían —que los fijianos eran los mejores del mundo en ese formato— y lo comunicó al planeta entero de la manera más impactante posible. El torneo de Río fue también el lanzamiento del rugby a 7 como deporte olímpico, y Fiji fue la figura que protagonizó ese lanzamiento. Cuatro años después, en Tokio, Fiji volvería a ganar el oro, confirmando que el dominio olímpico fijiano en el rugby a 7 no era un accidente sino la expresión natural de una cultura rugbística excepcional.