La historia técnica del salto de esquí es una historia de revolución gradual que culminó en una de las transformaciones más dramáticas en la historia de los deportes de invierno: el paso del estilo paralelo al estilo en V, un cambio que mejoró las distancias en un 10-15% y que rediseñó completamente la forma de entender el vuelo.
El estilo paralelo: dos siglos de ortodoxia
Durante casi toda la historia del salto de esquí, desde los primeros saltos de Sondre Norheim en Telemark hasta mediados de los años 80, la técnica dominante fue el estilo paralelo (también llamado «estilo Kongsberger» o «estilo clásico»):
- Los esquís permanecían paralelos entre sí durante todo el vuelo
- El cuerpo se inclinaba hacia adelante, con el pecho sobre los esquís
- Los brazos se extendían hacia adelante como prolongación del cuerpo
- El objetivo era crear la silueta más aerodinámica posible
El estilo paralelo fue desarrollado y perfeccionado durante décadas por las escuelas noruegas, austríacas y finlandesas. Los grandes saltadores de los años 60 y 70 (como el noruego Bjørn Wirkola o el finlandés Matti Nykänen) eran maestros de esta técnica.
Mejoras dentro del estilo paralelo: A lo largo del siglo XX, la técnica paralela fue refinándose de forma incremental:
- La inclinación del cuerpo se fue haciendo más pronunciada (el «estilo moderno» de los 70 era más horizontal que el de los 40)
- Los trampolines mejoraron, permitiendo velocidades de inrun más altas
- El equipamiento evolucionó, con botas más rígidas y esquís más ligeros
Pero todas estas mejoras eran incrementales. La posición fundamental de los esquís (paralelos) no se cuestionaba.
Jan Boklöv: el hereje que tenía razón
En 1985, el saltador sueco Jan Boklöv comenzó a experimentar con una posición radical: abrir los esquís en forma de V durante el vuelo, con las puntas separadas y los talones más juntos. Esta posición había sido considerada hasta entonces un error técnico grave, contraria a todas las enseñanzas del estilo paralelo.
Sin embargo, Boklöv descubrió empíricamente lo que la aerodinámica confirmaría después: la posición en V creaba una mayor superficie de sustentación porque los esquís actuaban como un ala asimétrica. El aire que pasaba bajo la V era desviado hacia abajo, creando una fuerza de sustentación que literalmente elevaba al saltador y le permitía volar más lejos.
Los entrenadores de la época rechazaron la técnica de Boklöv. Los jueces de estilo la penalizaron porque rompía con la elegancia del estilo paralelo. Sin embargo, Boklöv seguía volando más lejos que los demás.
La Copa del Mundo 1988-89: el punto de no retorno
La temporada 1988-89 fue el punto de inflexión. Boklöv ganó la clasificación general de la Copa del Mundo utilizando su técnica en V, superando a saltadores con el estilo paralelo en prácticamente todos los eventos. Era imposible ignorar los resultados.
A partir de ese momento, los entrenadores más abiertos comenzaron a permitir a sus atletas experimentar con la V. Los primeros en adoptarla, además de Boklöv, fueron algunos saltadores austríacos y finlandeses. Sus resultados confirmaron la superioridad aerodinámica de la nueva técnica.
La adopción universal y la respuesta del reglamento
A principios de los años 90, la posición en V se había convertido en el estándar de todos los saltadores de élite. La transición fue más rápida que la del clapskate en el patinaje de velocidad (que tardó más de una década en adoptarse universalmente).
La FIS tuvo que adaptar el reglamento: los jueces de estilo que hasta entonces penalizaban la V tuvieron que actualizar sus criterios de evaluación para premiar la elegancia dentro del nuevo estilo, no para compararlo con el viejo estilo paralelo.
Hoy en día, la posición en V es tan universal que los jóvenes que empiezan en el salto la aprenden desde el primer día. El estilo paralelo ha quedado en los libros de historia como una técnica superada, aunque quienes lo practicaron a su máximo nivel eran atletas extraordinarios en su tiempo.