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Salto de Esquí

Deporte olímpico de invierno en el que los atletas descienden por una rampa y saltan lo más lejos posible, siendo puntuados por distancia y por la elegancia del vuelo.

También conocido como: Ski jumping, Saut à ski

Los primeros saltos de esquí documentados tuvieron lugar en Noruega a comienzos del siglo XIX, siendo el teniente noruego Olaf Rye quien en 1808 realizó el primer salto registrado, de aproximadamente 14 metros, en Eidsberg. Durante el siglo XIX el salto de esquí se convirtió en una disciplina central del esquí nórdico noruego, y en 1892 se celebró en Holmenkollen, Oslo, el primer concurso organizado de salto de esquí de la historia, en un trampolín que todavía hoy acoge la prueba más emblemática del calendario. El deporte se expandió por toda Centroeuropa a comienzos del siglo XX y formó parte del programa de los primeros Juegos Olímpicos de Invierno en Chamonix 1924. La Federación Internacional de Esquí (FIS) asumió la regulación del deporte y la Copa del Mundo se instauró en 1979-80, dando estructura regular a la temporada internacional. La categoría femenina tardó décadas en alcanzar el olimpismo: el salto individual femenino debutó en Sochi 2014 y el equipo mixto en Beijing 2022.

Noruega, Finlandia y Austria han dominado el palmarés histórico del salto de esquí. Matti Nykänen, el finlandés apodado «el volador», ganó cuatro oros olímpicos entre 1984 y 1988 y marcó una época con su técnica revolucionaria. El austríaco Gregor Schlierenzauer acumula el récord de victorias en Copa del Mundo con 53 triunfos. La Copa del Mundo ha sido dominada en la era reciente por figuras como el noruego Anders Jacobsen, el japonés Noriaki Kasai —quien compitió en ocho Juegos Olímpicos consecutivos entre 1992 y 2022— y el polaco Kamil Stoch, triple campeón olímpico. La hazaña más recordada del deporte es la victoria de Matti Nykänen en los Juegos de Calgary 1988, pero también el famoso episodio de Eddie «The Eagle» Edwards, el saltador británico que terminó último pero se convirtió en símbolo del espíritu olímpico. Polonia ha emergido como la nueva potencia del salto en la segunda década del siglo XXI.

La técnica del salto de esquí ha evolucionado radicalmente desde sus orígenes. La postura «V» invertida, en la que los esquís se abren en ángulo para formar una V y maximizar la sustentación aerodinámica, fue introducida por el sueco Jan Boklöv hacia 1986 y adoptada universalmente en pocos años por su evidente superioridad respecto a la posición paralela tradicional. En la fase de impulso (inrun), el saltador desciende en posición de huevo a velocidades de hasta 90 km/h antes de extenderse en la rampa para transferir al máximo la energía cinética hacia arriba. El vuelo se divide en tres fases: la elevación inicial, la sustentación prolongada y el aterrizaje en posición telemark —un pie adelantado y rodillas flexionadas— que los jueces valoran junto al equilibrio y la elegancia. El viento, la temperatura y la humedad afectan profundamente los resultados, lo que explica por qué las competiciones tienen reglas sobre compensación de puntos por condiciones meteorológicas.

El salto de esquí tiene una base de seguidores muy concentrada en los países nórdicos, donde los trampolines de Holmenkollen (Oslo), Lahti y Oberstdorf son verdaderos monumentos culturales. El concurso de Holmenkollen, celebrado ininterrumpidamente desde 1892 con la excepción de los años de guerra, atrae habitualmente entre 80.000 y 100.000 espectadores en un solo día, siendo uno de los eventos deportivos con mayor asistencia de Europa. La cuatro colinas (Vierschanzentournee), torneo que desde 1952 visita Oberstdorf, Garmisch, Innsbruck y Bischofshofen entre diciembre y enero, es una de las competiciones más seguidas del calendario invernal centroeuropeo. A nivel global, la FIS estima que más de 15 millones de personas siguen el salto de esquí a través de televisión e internet, con picos de audiencia que durante los Juegos Olímpicos pueden multiplicar esa cifra varias veces.