En la historia del trampolín olímpico, la hazaña de ganar el oro en dos ediciones consecutivas de los Juegos solo la ha logrado una atleta: Rosannagh MacLennan, conocida afectuosamente como Rosie en la comunidad del trampolín. La canadiense construyó una carrera que combina la brillantez de dos actuaciones olímpicas perfectas con la consistencia de una decade entera en la élite mundial, y su nombre es hoy sinónimo del trampolín femenino canadiense.
La tradición del trampolín canadiense
Para entender a MacLennan hay que entender primero la tradición del trampolín en Canadá. El país norteamericano tiene una historia larga y exitosa en el trampolín de competición: el canadiense Mathieu Turgeon ganó el bronce en la primera edición olímpica de Sydney 2000, y Karen Cockburn fue medallista olímpica en tres ediciones consecutivas (plata en Sydney, plata en Atenas y plata en Beijing). Esta tradición creó un entorno competitivo y una cultura de trampolín que MacLennan aprovechó plenamente.
MacLennan nació en 1988 en Ontario y comenzó a practicar trampolín desde niña. La estructura de clubes y programas de tecnificación canadienses le proporcionaron el marco de desarrollo necesario para progresar hasta el nivel de élite internacional.
El camino hacia la cima: los años de formación
Antes de Londres 2012, MacLennan había ido construyendo su carrera con resultados sólidos en el circuito de la FIG, incluyendo medallas en Campeonatos del Mundo y del Commonwealth. Era una atleta reconocida en el trampolín internacional, pero no necesariamente la favorita indiscutible para el oro olímpico, que en el femenino tenía competidoras muy fuertes de China, Rusia y Uzbekistán.
Londres 2012: el día de su vida
La final de trampolín femenino de los Juegos de Londres 2012 es uno de esos momentos del deporte en que una atleta ejecuta la actuación de su vida exactamente cuando más importa. MacLennan realizó una serie que combinó su mayor dificultad habitual con una ejecución de una limpieza excepcional y un tiempo de vuelo muy alto.
El resultado fue un oro olímpico ganado con claridad, con una puntuación que sus rivales no podían alcanzar. MacLennan se convirtió en campeona olímpica a los 23 años, llevando el trampolín canadiense a su primer oro en la historia.
La reacción de MacLennan al ganar fue una de las imágenes más emotivas de los Juegos de Londres: la mezcla de incredulidad, alivio y alegría de quien ha conseguido el objetivo máximo de una vida de entrenamiento.
Río 2016: la defensa del trono
Cuatro años después, en los Juegos de Río de Janeiro 2016, MacLennan volvió al trampolín olímpico como campeona defensora. La presión de defender un título olímpico es enorme: todo el mundo sabe lo que tienes que perder, y la motivación es difícil de mantener cuando ya tienes el oro que siempre quisiste.
MacLennan no solo lo consiguió: lo hizo con una actuación contundente que disipó cualquier duda sobre si su victoria en Londres había sido un golpe de fortuna o el reflejo de una superioridad real. El oro en Río, ganado ante rivales de altísimo nivel como Bryony Page (Gran Bretaña) y Li Dan (China), confirmó que MacLennan era la mejor trampolinista del mundo en ese ciclo olímpico.
La doble victoria olímpica la convierte en la atleta con más oros olímpicos en trampolín femenino de la historia, un récord que comparte con nadie y que probablemente defenderá durante muchos años.
Tokio 2020: la veterana en su tercera olimpiada
En los Juegos de Tokio (celebrados en 2021), MacLennan regresó a su tercera olimpiada con 32 años. La competencia de la nueva generación, liderada por la china Zhu Xueying, fue demasiado intensa y MacLennan no pudo alcanzar el podio. Pero su presencia en una tercera olimpiada, compitiendo con plenas garantías tras dos oros consecutivos, es en sí misma un logro que pocas atletas de cualquier deporte olímpico pueden igualar.
El impacto en el trampolín canadiense
La doble victoria olímpica de MacLennan tuvo un impacto enorme en el trampolín canadiense. Las victorias de una atleta del país en los Juegos Olímpicos generan un efecto de interés y de reclutamiento de jóvenes practicantes que ninguna campaña de marketing puede replicar. El trampolín canadiense, que ya tenía una buena base, recibió un impulso adicional gracias a los oros de MacLennan.
Su legado es también un mensaje para las generaciones siguientes: es posible defender un título olímpico en trampolín, uno de los deportes con mayor presión por unidad de tiempo de todo el programa. MacLennan no solo lo hizo posible, sino que lo convirtió en historia.