El trampolín en España tiene una historia que, aunque discreta en el plano internacional durante décadas, ha ido consolidándose progresivamente hasta contar con una estructura federativa sólida, una base de practicantes en todo el territorio y atletas que compiten con regularidad en el circuito internacional de la Federación Internacional de Gimnasia (FIG).
Los primeros pasos: los años 60 y 70
El trampolín llegó a España de la mano de los clubes de gimnasia que, en los años 60, comenzaron a incorporar aparatos como parte de su oferta de actividades. En esa época, el trampolín no era aún un deporte de competición estructurado en España, sino una actividad de entrenamiento complementario para gimnastas artísticos o una novedad atractiva dentro de los programas de educación física.
Durante los años 70, coincidiendo con el crecimiento general del deporte federado en España en los años del tardofranquismo y la Transición, el trampolín comenzó a organizarse de forma más sistemática dentro de la Real Federación Española de Gimnasia (RFEG), que ya gestionaba la gimnasia artística y rítmica en el país. La RFEG adoptó el modelo de la FIG y comenzó a organizar los primeros campeonatos nacionales de trampolín.
El modelo federativo: trampolín integrado en la gimnasia
A diferencia de algunos países que mantuvieron federaciones de trampolín independientes hasta la integración en la FIG en 1998, España siguió desde el principio el modelo de integrar el trampolín dentro de la estructura de la federación de gimnasia. Esto tuvo ventajas e inconvenientes: por un lado, la RFEG aportaba una infraestructura administrativa consolidada; por otro, el trampolín competía internamente por recursos y atención con disciplinas de mayor tradición y visibilidad como la gimnasia artística.
Los campeonatos de España de trampolín se organizan regularmente desde los años 80, en sus distintas categorías de edad (escolar, infantil, juvenil, júnior y absoluto) y en todas las modalidades (individual, sincronizado, tumbling y doble mini-trampolín). Estas competiciones son el escaparate del trampolín español y el vivero de talento para los equipos nacionales.
El crecimiento en los años 2000
La inclusión del trampolín en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 tuvo un efecto positivo en el interés de las instituciones deportivas españolas por la disciplina. Aunque España no logró clasificarse para esa primera edición olímpica, el impulso mediático del trampolín olímpico animó a más jóvenes a iniciarse en el deporte y a más clubes a invertir en aparatos de competición.
Los años 2000 vieron un crecimiento notable en el número de clubes con trampolín en España y en la calidad técnica de los atletas de las categorías júnior y sub-18. La RFEG intensificó los programas de tecnificación nacional y estableció centros de alto rendimiento donde los mejores trampolinistas jóvenes podían entrenar con las mejores condiciones.
Las modalidades más desarrolladas en España
Dentro del trampolín español, el tumbling ha sido históricamente la modalidad con mayor nivel competitivo, con atletas que han obtenido clasificaciones relevantes en Campeonatos de Europa y del Mundo. El tumbling tiene en España una base de practicantes relativamente grande, ligada a la cultura de la gimnasia acrobática y el salto que existe en muchos clubs del territorio.
El trampolín individual ha crecido de forma constante, con atletas que compiten en el circuito de la Copa del Mundo de la FIG y que ocasionalmente han logrado plazas en fases finales de campeonatos continentales.
La estructura actual y los retos
Hoy en día, el trampolín en España cuenta con competiciones bien organizadas a nivel autonómico y nacional, un calendario de formación de jueces que garantiza la calidad arbitral, y programas específicos de tecnificación para los mejores talentos. Los principales centros de trampolín del país están en Cataluña (con clubs históricos en el área de Barcelona), Madrid, Valencia y Galicia.
El principal reto del trampolín español, compartido con la mayoría de países de segundo nivel en la disciplina, es cerrar la brecha que existe con las potencias mundiales (China, Rusia, Canadá, Gran Bretaña) en el trampolín individual olímpico. Alcanzar el nivel de las finales mundiales en esta modalidad sigue siendo el objetivo a largo plazo del trampolín de alto rendimiento en España.