La historia del crecimiento geográfico del sambo es uno de los fenómenos más fascinantes del deporte internacional. En menos de tres décadas, el sambo pasó de ser un deporte practicado casi exclusivamente en los países del bloque soviético a tener presencia en más de 130 países de todos los continentes. Este crecimiento es difícilmente comparable con el de cualquier otro deporte de combate en un período similar.
El punto de partida: el sambo en 1991
Cuando la Unión Soviética se disolvió en diciembre de 1991, el sambo era practicado de forma organizada en quizás 20 a 25 países: las quince repúblicas soviéticas, algunos países del bloque del este como Bulgaria, Polonia y Yugoslavia, y unos pocos países de Asia y América que habían tenido contacto con el sambo a través de las relaciones con la URSS. Era un deporte geográficamente concentrado en una región del mundo y prácticamente desconocido en la mayoría de los países.
La FIAS, fundada en 1984, tenía una membresía limitada y una capacidad de desarrollo internacional muy restringida por las limitaciones políticas y económicas del período de la Guerra Fría. El sambo era visto fuera del bloque soviético como un deporte exótico de origen comunista con poca relevancia para el mundo deportivo occidental.
El catalizador: la diáspora soviética
La disolución de la URSS desencadenó el mayor movimiento migratorio de Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Millones de ciudadanos soviéticos emigraron a Occidente, a Israel, a Estados Unidos, a América Latina y a otros destinos durante los años 90. Entre ellos había miles de entrenadores deportivos, atletas de élite y técnicos de sambo que, al llegar a sus países de acogida, llevaban consigo décadas de conocimiento técnico y la pasión por el deporte que habían practicado toda la vida.
Muchos de estos emigrantes abrieron clubes de sambo en sus nuevas ciudades. A veces comenzaron enseñando a sus propios hijos; otras veces, abrieron gimnasios al público y descubrieron que había demanda para un sistema de lucha desconocido pero efectivo. La combinación de la experiencia técnica de estos entrenadores con el interés creciente por los deportes de combate —impulsado por el ascenso del MMA en los años 90— fue el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento.
La aceleración: 2000-2020
En el período 2000-2020, el crecimiento de la FIAS fue especialmente intenso. La visibilidad del sambo en el MMA —con figuras como Fedor Emelianenko dominando el deporte a nivel mundial— atrajo a miles de practicantes de MMA hacia el sambo como base técnica. Las federaciones nacionales de países de América, Europa Occidental, Asia y África se multiplicaron.
En América Latina, Venezuela se convirtió en el primer gran éxito sudamericano del sambo, produciendo campeones mundiales. Brasil, con su enorme tradición en jiu-jitsu y artes marciales, fue adoptando el sambo de forma progresiva. En África, Marruecos, Egipto, Senegal y Sudáfrica desarrollaron programas nacionales.
Los 130 países: un récord histórico y un punto de partida
Llegar a 130 países miembros de la FIAS es un hito que coloca al sambo en una posición sólida como deporte verdaderamente global. Sin embargo, la FIAS es consciente de que el número de miembros es solo uno de los criterios del COI para la inclusión olímpica. La profundidad del desarrollo —número de practicantes por país, nivel de las competiciones nacionales, presencia de programas junior— es igualmente importante. El trabajo de las próximas décadas es consolidar la presencia del sambo en los 130 países ya miembros y seguir creciendo hacia los objetivos olímpicos.