En los deportes olímpicos, el dominio sostenido de un país sobre los demás durante décadas es un fenómeno extraordinariamente raro. La complejidad de las variables en juego —entrenamiento, talento, equipamiento, condiciones del día— hace que el deporte de élite sea inherentemente inestable y que los monopolios sean difíciles de mantener. Sin embargo, Corea del Sur ha logrado en el short track algo casi sin precedentes: más de tres décadas de dominio ininterrumpido en el medallero olímpico de la disciplina.
Los números del dominio coreano
Desde los Juegos de Albertville 1992 hasta los de Pekín 2022, Corea del Sur ha sido el país más laureado en cada edición individual o en el acumulado histórico del short track olímpico. Los números exactos varían según la edición y cómo se contabilicen los relevos (medallas de equipo vs individuales), pero el mensaje es inequívoco: ningún otro país se acerca al palmarés coreano en el short track.
En términos de oros olímpicos individuales y colectivos, Corea del Sur ha ganado más del doble que China (el segundo país) en la mayoría de los recuentos. Esta diferencia es todavía más pronunciada si se compara con los países europeos o con EEUU, cuyo único dominador fue Apolo Ohno.
Las fases del dominio coreano
1992-2006 (el primer monopolio): Durante las primeras cinco ediciones olímpicas, Corea del Sur fue prácticamente imbatible. Los patinadores coreanos dominaban en todas las distancias y el equipo de relevos era también el más poderoso. La competencia era principalmente china, con algunos destellos individuales de otros países.
2006-2010 (el máximo apogeo con Viktor Ahn): Los Juegos de Turín 2006 fueron la cima del dominio coreano individual, con Ahn Hyun-soo ganando tres oros. El sistema había producido al mejor short tracker de todos los tiempos.
2010-2014 (la paradoja del declive relativo): La exclusión de Viktor Ahn y su reaparición bajo bandera rusa en Sochi 2014 fue un momento de reflexión para el sistema coreano. Sin embargo, el equipo coreano siguió siendo competitivo incluso sin su mejor atleta.
2014-2022 (la recuperación y la mayor competencia): Nuevas figuras como Lim Hyo-jun y Hwang Dae-heon han liderado el short track coreano en la era post-Ahn. La competencia de Países Bajos y la solidez de China hacen que el dominio sea menos absoluto, pero Corea sigue siendo la nación más laureada.
La clave del dominio: cultura y sistema
El dominio estadístico de Corea del Sur en el short track no es el resultado de un accidente geográfico o de una ventaja genética. Es el producto de una decisión estratégica tomada hace cuarenta años —apostar masivamente por el short track como deporte olímpico— y de un sistema de formación que, con todas sus luces y sombras, produce campeones de manera sistemática.
La cultura del short track en Corea —donde los mejores patinadores son figuras mediáticas reconocidas y donde las victorias olímpicas generan celebraciones nacionales— contribuye a mantener el ciclo: los jóvenes quieren ser los próximos campeones, se entrenan con una intensidad que pocos sistemas occidentales igualan, y los mejores llegan a los Juegos con hambre de victoria que es difícil de encontrar en atletas que no han crecido en esa cultura.
El futuro del dominio coreano
El sistema coreano enfrenta desafíos: las reformas en los métodos de entrenamiento tras los escándalos de abuso, la mayor competencia internacional y los cambios generacionales en la base de patinadores. Sin embargo, los expertos del short track son unánimes en que Corea del Sur seguirá siendo una potencia de primer nivel durante muchos años, aunque la probabilidad de recuperar el monopolio de los primeros años es baja en un deporte que se ha globalizado irreversiblemente.