En el mundo del deporte, hay gestos de celebración que trascienden el momento y se convierten en iconos: el saludo de Mohammed Ali, la vuelta al mundo con los brazos de Usain Bolt, el beso de la medalla de Michael Phelps. En el short track americano, el gesto de Apolo Ohno al cruzar la meta —brazos levantados, manos en posición de pistola— ocupa un lugar parecido en la memoria colectiva de los Juegos de Invierno.
El contexto: el short track en EEUU antes de Ohno
Antes de la aparición de Apolo Ohno, el short track era un deporte prácticamente desconocido para el público americano general. Las estrellas del deporte en los Juegos de Invierno que más seguimiento tenían en EEUU eran los patinadores artísticos y los jugadores de hockey. El patinaje de velocidad —ya fuera de pista larga o corta— era una disciplina que solo seguían los aficionados más dedicados.
Ohno cambió eso. Con su personalidad extrovertida, su historia personal de superación (el joven rebelde de Seattle que encontró su camino a través del patinaje) y sus resultados deportivos, atrajo una atención mediática que el short track americano nunca había tenido.
Los Juegos de Salt Lake 2002 y el nacimiento del ícono
En los Juegos de Salt Lake City 2002, Apolo Ohno ganó el oro en los 1.500 metros (tras la descalificación de Kim Dong-sung) y el bronce en los 1.000 metros. Las imágenes de Ohno cruzando la meta con sus brazos levantados y el gesto de pistola se reprodujeron en todos los medios americanos.
Lo que distinguía a Ohno visualmente, además del gesto, era su apariencia: la perilla o soul patch bajo el labio inferior, los anteojos de sol usados durante los calentamientos y su estilo de vestirse. En un deporte donde la mayoría de los atletas eran anónimos para el gran público, Ohno tenía el look y la presencia de alguien que podría ser estrella de cualquier deporte mainstream.
El gesto como símbolo cultural
El gesto de pistola de Ohno fue suficientemente reconocible y suficientemente neutro en su connotación —no era agresivo ni provocador, simplemente carismático— como para convertirse en un símbolo positivo. Los aficionados al short track en EEUU lo adoptaron: niños que practicaban el deporte imitaban el gesto de Ohno al terminar sus carreras en las competiciones locales.
Este tipo de efecto cultural —que un gesto deportivo se filtre hacia los practicantes amateurs y jóvenes— es difícil de cuantificar pero indica que Ohno había alcanzado el nivel de influencia que tienen los verdaderos ídolos del deporte.
La otra cara del ícono: la polémica del 1.500 metros
La ironía del icono de Ohno es que su momento más famoso —el oro en el 1.500 metros de Salt Lake— fue también el más polémico. El gesto de pistola que cruzando la meta habría simbolizado una victoria limpia fue en realidad el resultado de la descalificación de un rival. Para los aficionados al short track coreano, el gesto de Ohno es inseparable de ese contexto polémico.
La complejidad de la figura de Ohno —héroe para EEUU, villano para Corea del Sur— es en sí misma una metáfora perfecta de la naturaleza dual del short track: un deporte que puede producir momentos de euforia y controversia en igual medida, a menudo en la misma carrera y en el mismo instante.
El legado mediático de Ohno
La carrera mediática de Ohno después de retirarse del patinaje demostró que su atractivo iba más allá del short track. Su participación en Dancing with the Stars, sus apariciones en programas de televisión y su faceta de autor motivacional le dieron una longevidad mediática poco común para un deportista de invierno. En ese sentido, Ohno fue pionero en mostrar que el short track podía producir atletas con presencia mediática fuera de su deporte.