Si hay un momento bisagra en la historia del skateboard, ese es 1976, en Fort Lauderdale, Florida. Un adolescente de 14 años llamado Alan Gelfand, conocido por todos como “Ollie”, estaba patinando en un halfpipe y consiguió hacer algo que nadie había hecho antes: elevar la tabla en el aire sin tocarla con las manos. Sin saberlo, acababa de inventar el truco que convertiría el skateboard en el deporte que hoy conocemos.
Un accidente que cambió todo
El ollie no fue el resultado de años de práctica intencionada. Gelfand simplemente estaba experimentando en el halfpipe cuando notó que, con el movimiento correcto del pie trasero en el tail de la tabla y una acción de salto coordinada, la tabla subía con él. Sus amigos no daban crédito. El fotógrafo Stacy Peralta estaba presente y documentó el truco, lo que le dio difusión inmediata en la incipiente comunidad skater.
En el halfpipe, el ollie original se ejecutaba gracias a la inercia de la rampa. El verdadero reto, y la auténtica revolución, llegó cuando Rodney Mullen —considerado el padre del freestyle moderno— adaptó la técnica al suelo plano en 1982. En terreno liso, sin la ayuda de la rampa, ejecutar un ollie requiere una coordinación perfecta entre el pie trasero golpeando el tail, el pie delantero deslizándose hacia arriba por el nose y el salto del cuerpo. Cuando Mullen lo consiguió, las posibilidades del skateboard se multiplicaron exponencialmente.
Por qué el ollie lo cambió todo
Antes del ollie, el skateboard callejero consistía básicamente en desplazarse y hacer giros. Los skaters no podían superar obstáculos ni subir a superficies elevadas sin agarrar la tabla con las manos. El ollie cambió eso radicalmente.
De repente, los bordillos, las escaleras, los barandales y los bancos de los parques se convirtieron en elementos de juego. El street skating —el skateboard que se practica en entornos urbanos cotidianos— solo fue posible gracias al ollie. Todos los trucos modernos del street skating son variaciones o combinaciones del ollie: el kickflip, el heelflip, el hardflip, el 360 flip… ninguno existiría sin ese truco fundamental.
El récord que desafía la gravedad
El ollie no solo es el truco más útil del skateboard: también es el escenario de uno de sus récords más espectaculares. En 2011, el skater Aldrin Garcia superó la barra de 113,5 centímetros de altura en un ollie plano, un récord certificado por el Libro Guinness de los Récords. Para hacerse una idea de lo que esto representa: García saltó por encima de un objeto de más de un metro de alto sin tocar la tabla con las manos, impulsándose únicamente con los pies y el cuerpo.
En competiciones de street skating de alto nivel, los skaters ejecutan ollies de 50-60 centímetros de manera rutinaria. Lo que en los 70 era un milagro hoy es la base sobre la que se construye todo lo demás.
El legado de un apodo
Alan Gelfand nunca patentó ni registró el truco. Hoy su nombre de pila apenas se recuerda; todo el mundo lo conoce por el apodo que le dio a la maniobra más influyente del skateboard. No recibió regalías ni compensaciones cuando el ollie se convirtió en el fundamento de una industria multimillonaria. Simplemente patinó, descubrió algo nuevo y lo compartió. Eso, en la cultura skate, siempre ha sido suficiente.